
EL TRUCO DE LA BUENA VIDA
Dra. Carmita Laboy
EDUCADORA, INVESTIGADORA Y TERAPISTA SEXUAL
Aquello que reiteramos internamente podría estar influyendo mucho más de lo que imaginamos en todos los aspectos de nuestra vida
En mis investigaciones sobre disfunciones sexuales, inicialmente en mujeres y posteriormente también en hombres, una realidad aparecía constantemente: el bloqueo. Esa era precisamente la palabra que muchas participantes utilizaban para describir cómo se sentían cuando ya no podían avanzar emocional, física o mentalmente y, por consiguiente, disfrutar plenamente una experiencia que debía resultar placentera y significativa.
Para ellas, bloqueo. Para ellos, desespero. Para ambos, historias cargadas de deseo, miedo, placer, ansiedad y relaciones, entre muchas otras experiencias humanas. Y aunque cada historia parece distinta, muchas terminan regresando al mismo lugar: el pensamiento que repetimos.
No me refiero solamente a “pensar demasiado”. Me refiero a ese pensamiento que vuelve una y otra vez: el miedo, la duda, la culpa, la expectativa, la inseguridad, el “¿y si sale mal?”, el “no soy suficiente”, el “algo me pasa y no puedo lograrlo”. Ese pensamiento silencioso que muchas veces nadie conoce, pero que termina afectándolo todo.
Y casi siempre todo comienza antes… en la manera en que interpretamos la experiencia. En lo que esperamos que ocurra. En a quién le corresponde provocar el placer. En el significado que le atribuimos al orgasmo, a la erección, al desempeño, al cuerpo o incluso a nosotros mismos. Ese bloqueo se manifestaba de distintas maneras: como tensión física, como ansiedad emocional. Se manifiesta como un diálogo interno constante: “¿Y si no puedo?”, “¿Y si no pasa?”, “¿Y si estoy fallando?” , “¿Qué pensará de mí?”. Pensamientos repetidos. Sostenidos. Alimentados emocionalmente.
Con el tiempo entendí algo importante; ese pensamiento repetitivo que se convierte en bloqueo no ocurre solamente en la sexualidad. También aparece cuando queremos tomar decisiones, cuando comenzamos una relación, cuando terminamos una etapa, cuando queremos emprender, cuando sentimos miedo al rechazo, cuando no logramos dormir, cuando vivimos anticipando problemas o cuando repetimos internamente historias que nos alejan del bienestar.
Porque aquello que repetimos mentalmente termina anticipando bienestar… o malestar. Y fue precisamente ahí donde comenzó a crecer en mí una pregunta todavía más profunda: ¿De dónde surge realmente ese pensamiento que repetimos?
Por años, la psicología ha explicado cómo ciertos pensamientos automáticos influyen directamente sobre nuestras emociones y conductas. Eso transformó nuestra manera de comprender la ansiedad, el estrés y muchas experiencias humanas. Hoy, sin embargo, algunas teorías comienzan a abrir otra mirada, entre ellas la teoría del desdoblamiento del tiempo y el espacio.
Esta postula que el pensamiento surge de la decodificación de información anticipativa que recibe nuestro cerebro. Dicho de otra manera: primero ocurre un intercambio de información y luego aparece aquello que reconocemos como pensamiento. Y en mi eso provocó una conversación completamente distinta sobre bienestar, incluyendo el sexual. Porque si aquello que sostenemos mentalmente continúa anticipándose en la misma dirección, entonces vale la pena preguntarnos: ¿Qué pensamiento estoy repitiendo todos los días? ¿Estoy anticipando miedo o bienestar?
En la próxima columna continuaremos profundizando sobre esta relación entre pensamiento, anticipación y bienestar, y sobre cómo aquello que repetimos internamente podría estar influyendo mucho más de lo que imaginamos en nuestra salud, nuestras emociones, nuestras relaciones amorosas y nuestra vida cotidiana.
La autora es sexóloga, investigadora y creadora de “El Truco de la Buena Vida”, un modelo disruptivo educativo y terapéutico de bienestar. Ofrece terapias, talleres y experiencias de turismo de bienestar.

