
EL TRUCO DE LA BUENA VIDA
Dra. Carmita Laboy
EDUCADORA, INVESTIGADORA Y TERAPISTA SEXUAL
Desde esa comprensión nacen tres certezas que transformaron mi manera de vivir y quizás, también pueden transformar la tuya
¿Y si el mayor descubrimiento de tu vida no fuera cuánto o cómo has vivido, sino quién eres realmente?
Durante siglos hemos aprendido a conocernos desde lo que vemos. Cuidamos el cuerpo, atendemos nuestros sentidos y respondemos a lo que ocurre a nuestro alrededor. Sin embargo, distintas investigaciones cientificas y propuestas teóricas han ampliado nuestra mirada sobre el ser humano y nos invitan a preguntarnos si somos mucho más de lo que perciben nuestros sentidos.
Esa pregunta cambió mi vida. Y hoy quiero compartir contigo una de las respuestas que dio origen a mi modelo disruptivo, educativo y terapéutico El Truco de la Buena Vida: siempre somos dos. No hablo de dos personas distintas. Hablo de comprender que nuestra existencia trasciende lo puramente material y que aprender a conocer esa otra parte de nosotros mismos, puede cambiar la manera en que vivimos, decidimos y, sobre todo, anticipamos bienestar.
Desde esa comprensión nacen tres certezas que transformaron mi manera de vivir y quizás, también, pueden transformar la tuya.
1. La certeza de que nunca estoy sola
¿Cuántas veces has sentido que «algo» te avisó antes de tomar una decisión? Tal vez lo llamaste intuición. Tal vez inspiración. Tal vez providencia. Cada persona le pone el nombre que mejor representa su experiencia. En El Truco de la Buena Vida esa experiencia representa una invitación permanente a recordar que siempre somos dos.
Surge entonces una nueva certeza: siempre contamos con esa parte no material de nosotros mismos, con la que podemos anticipar nuestro bienestar. Cuando comprendemos esta idea, todo cambia. Nuestros pensamientos, emociones y conductas comienzan a transformarse. Dejamos de reaccionar únicamente a lo que ocurre a nuestro alrededor y empezamos a reconocer que existe una mejor posibilidad disponible para nosotros.
Esa parte no material de nosotros mismos no vive la vida por nosotros ni toma nuestras decisiones. Nos acompaña, nos anticipa información y nos invita constantemente a reconocer nuestra mejor solución potencial posible. La decisión de actuar siempre será nuestra. Quizás por eso tantas personas describen momentos en los que sintieron claridad, serenidad o una certeza difícil de explicar.
Para mí, esa posibilidad representa una invitación permanente a vivir desde ese campo de energía. Y es que, cuando dejamos de sentirnos solos, comenzamos a vivir con mayor confianza, con más esperanza y con la certeza de que ya existe la mejor solución potencial posible para todo.
2. La certeza de saber qué hacer y cómo hacerlo
Durante muchos años creímos que primero pensábamos y después actuábamos. Hoy sabemos que el cerebro humano posee una extraordinaria capacidad para anticipar.
Por eso, una de las frases que mejor resume mi trabajo es: no pensamos, anticipamos. Anticipamos posibilidades. Anticipamos consecuencias. Anticipamos bienestar.
La pregunta deja entonces de ser qué ocurrirá mañana, para convertirse en una mucho más poderosa: ¿qué estoy anticipando hoy? Cuando aprendemos a dirigir conscientemente esa capacidad hacia la benevolencia, comenzamos a reconocer nuestra mejor solución potencial posible: aquella que representa el mayor beneficio para nosotros y también para quienes forman parte de nuestra vida.
Y entonces nuestras decisiones cambian. Elegimos mover el cuerpo. Elegimos descansar. Elegimos alimentarnos mejor. Elegimos aprender. Elegimos cultivar relaciones que construyan bienestar. Todo, porque empezamos a comprender quiénes somos realmente.
3. La certeza de que puedo vivir en bienestar
El bienestar deja de ser un golpe de suerte. Deja de ser un privilegio reservado para unos sí y para otros no. Deja de depender exclusivamente de la ausencia de enfermedad, herencia, de las circunstancias o del azar. Se transforma en una creación consciente. Y, más aún, en una responsabilidad personal.
Cada decisión cotidiana fortalece esa dirección. Cada paso. Cada pensamiento. Cada acto de benevolencia. Cada noche de buen dormir. Cada alimento que nutre. Cada momento de gratitud. Todo suma. Cuando anticipamos bienestar y actuamos en coherencia con esa anticipación, nuestro cuerpo, nuestras emociones y nuestras relaciones comienzan a reflejar ese cambio.
Cuando el bienestar se convierte en un hábito, también cambia nuestra manera de vivir el amor. Recuperamos la ilusión, las ganas de compartir, la curiosidad, la creatividad, la capacidad de disfrutar. También nuestra vida afectiva y sexual florece de una manera diferente, porque el placer no comienza en el cuerpo; comienza en el bienestar integral de quien decide amar y dejarse amar.
Por eso nunca hablo únicamente de salud física ni únicamente de sexualidad. Hoy, prefiero hablar de bienestar. Porque cuando vivimos en bienestar, todo lo demás encuentra su lugar. A mis 71 años, estoy convencida de que uno de los mayores privilegios de esta etapa de la vida es seguir descubriendo quiénes somos. No para acumular conocimiento, sino para vivir mejor. Para elegir mejor, amar mejor, servir mejor, para morir sanados. Para recordar, cada mañana, que nunca emprendemos este camino en soledad.
Esta es una de las enseñanzas más hermosas que he aprendido. Que siempre somos dos. Y que el verdadero Truco de la Buena Vida consiste en aprender a utilizar ese conocimiento para anticipar bienestar, vivir con benevolencia y construir, día a día, la mejor versión posible de nosotros mismos. Recuerda que cuando comprendemos quiénes somos, también descubrimos todo lo que todavía podemos llegar a ser.
La autora es sexóloga, investigadora y activista cuántica, creadora de El Truco de la Buena Vida. Búscala en las redes sociales, o llámala al 787-989-0188.







El mejor taller de bienestar que he tomado está resumido en este artículo. En arroz y habichuelas… a la disposición de todos! Gracias Dra. Laboy!