
EL TRUCO DE LA BUENA VIDA
Dra. Carmita Laboy
EDUCADORA, INVESTIGADORA Y TERAPISTA SEXUAL
La satisfacción íntima no debería convertirse en una tarea en la que una persona tenga que “producir” determinados resultados en la otra
Una cosa es vivir el encuentro íntimo. Otra muy distinta es estar evaluándolo mientras lo vivimos.
En estas semanas, y a petición de quienes me siguen, hice un pequeño paréntesis en mi serie Así vivo El Truco de la Buena Vida para aplicarlo a un tema que ha ocupado buena parte de mi vida profesional y de mi investigación: tu bienestar íntimo.
Satisfacción. Expectativa. Ansiedad ejecutoria. Si alguna de estas palabras te resulta familiar, búscala en mis redes sociales bajo Intimidad con ciencia. Allí comenzamos a descubrir cómo puede estar influyendo en esa experiencia íntima con tu pareja que, como siempre digo, debe ser digna de repetir.
Duran apenas unos segundos, pero juntos cuentan una historia que probablemente reconocerás. Porque entre lo que deseas de tu encuentro íntimo y lo que realmente sucede, pueden ocurrir muchas cosas.
Lo que esperas
Llegas a tu encuentro íntimo con alguna idea de lo que quieres que suceda y de cómo crees que debería ser. En mi teoría emergente sobre la experiencia de disfunción orgásmica en un grupo de mujeres puertorriqueñas, a esta variable le llamo “expectativa”.
Esperas sentir deseo. Esperas excitarte. Quizás esperas disfrutar tu orgasmo, siempre. Esperas que tu cuerpo responda de determinada manera y también puedes esperar determinadas respuestas de quien te acompaña. ¿El problema es tener expectativas? No.
La dificultad puede comenzar cuando aquello que deseas que ocurra se transforma en aquello que crees que tiene que ocurrir para considerar satisfactoria la experiencia. Entonces puedes dejar de sentir para comenzar a pensar, evaluar y hasta juzgar:
¿Estoy respondiendo? ¿Lo estaré haciendo bien? ¿Estará disfrutando? ¿Por qué todavía no sucede? Y, sin darte cuenta, mientras tu cuerpo intenta vivir el presente, tu mente ya está anticipando el resultado.
Cuando aparece el “¿y si me vuelve a pasar?”
Ahora imagina tu mejor experiencia, esa que fue maravillosa. Esa que te predispone a querer disfrutarla nuevamente.
Ahora imagina si fue frustrante, dolorosa o, simplemente, no ocurrió como esperabas, eso es llegar anticipando: “¿Y si me vuelve a pasar?” vs. Qué rico, volverá a pasar…
Ahí aparece la ansiedad ejecutoria. Y por eso, en mi teoría, la coloco antes de la adscripción de responsabilidad. Antes de preguntarte “¿seré yo?, ¿serás tú?, ¿seremos los dos?”, ya estás llegando al nuevo encuentro con información de la experiencia anterior. Para bien o para mal, ya estás anticipando.
Y aquí aparece una pregunta fundamental de El Truco de la Buena Vida: ¿con qué llegas a tu experiencia íntima? Y no. No estoy hablando de velas, flores, aromas, juguetes, fetiches ni de preparar un escenario perfecto. Por el contrario, mi invitación es a quitar adornos y llegar, como suelo decir, “al pelao”: presente y consciente de lo esencial, de lo que piensas, sientes, dices y haces.
A esa conciencia le añado tres anclas sencillas: atención al pensamiento, respiración consciente y contracciones pélvicas. Menos pendiente de ejecutar. Más disponible para sentir y disfrutar.
¿Soy yo, eres tú o somos los dos?
Después de la expectativa y de la ansiedad de pensar “¿y si me vuelve a pasar?”, suele aparecer otra pregunta: ¿quién es responsable de que esto haya sucedido? ¿Soy yo? ¿Eres tú? ¿Somos los dos?
A esto, en mi teoría le llamo adscripción de responsabilidad. Es entonces cuando podemos comenzar a atribuir nuestra satisfacción —o insatisfacción— a lo que yo hice o dejé de hacer, tú hiciste o dejaste de hacer, o ninguno de los dos hicimos. Y aquí hay una distinción fundamental: responsabilidad no significa culpa.
La satisfacción íntima no debería convertirse en una tarea en la que una persona tenga que “producir” determinados resultados en la otra. Tampoco es una meta de «llegar, tener, lograr o alcanzar». Es nefasto depositar completamente en el otro la responsabilidad de tu propio placer.
Y aquí está El Truco de la Buena Vida. No se trata de obligarnos a pensar bonito ni de negar que existen factores físicos, hormonales, médicos, farmacológicos o relacionales que deben atenderse cuando corresponda. Se trata de observar antes de repetir.
Antes de preguntarte ¿qué me está fallando?, prueba preguntándote: ¿qué estoy anticipando?; ¿qué estoy pensando?; ¿qué estoy sintiendo?; ¿qué estoy diciendo?; ¿qué estoy haciendo?
Respira. Siente. Observa. Permítete estar presente. Y, sobre todo, hazte responsable de tu propio placer. Conocerte, reconocer lo que sientes, comunicar lo que deseas y participar conscientemente de tu propia experiencia también es parte de tu bienestar íntimo.
La otra persona puede acompañar, estimular, compartir y descubrir contigo, pero no tiene que cargar con la responsabilidad de “hacerte sentir”. Quizás necesitemos estar menos pendientes de lograr, tener, alcanzar, llegar y más disponibles para sentir, comunicar, descubrir y disfrutar.
Y ahora nos toca profundizar aún más. Hablaremos de deseo, excitación y orgasmo, y de cómo nuestros cuerpos y nuestras experiencias pueden cambiar a lo largo de la vida. Porque también en nuestra intimidad podemos asumir protagonismo y aprender a vivir El Truco de la Buena Vida. Y recuerda… anticipar bienestar, siempre.
La autora es sexóloga, investigadora y creadora de El Truco de la Buena Vida, un modelo que integra ciencia, sexualidad y bienestar.

