
¡AHORA ES QUE ES!
Mildred Tirado Vázquez
PERIODISTA
Emprender no consiste solamente en tener una buena idea y convertirla en un producto o servicio, también requiere fortaleza emocional
Hay una frase que hemos escuchado muchas veces: “Lo malo atrae lo malo y lo bueno atrae lo bueno”. Aunque pudiera parecer una simple expresión, con los años he descubierto cuánto puede influir en nuestra vida la gente que nos rodea.
Recuerdo a una compañera de trabajo que, con tan solo pasar por la puerta de entrada, parecía cargar el ambiente con una energía negativa. Sus comentarios, sus críticas y su manera de enfrentar cada situación terminaban afectando a quienes estábamos a su alrededor.
En aquel momento, no siempre entendía cuánto podía influir una persona en nuestro estado de ánimo. Hoy lo veo de otra manera.
Cuando emprendemos, necesitamos rodearnos de personas que nos impulsen, que crean en nuestras capacidades y que sean capaces de señalarnos nuestros errores sin hacernos sentir que somos incapaces de lograrlo. Emprender no consiste solamente en tener una buena idea y convertirla en un producto o servicio, también requiere fortaleza emocional.
Y aquí hago una salvedad: no siempre podemos escoger con quién convivimos. Puede ser un familiar, un compañero de trabajo, un vecino o alguien con quien tenemos que relacionarnos diariamente. Tampoco podemos controlar lo que otros dicen, piensan o hacen, pero sí podemos decidir cuánto permitimos que sus palabras determinen nuestro estado de ánimo y nuestras decisiones.
Un comentario negativo puede quedarse en nuestra cabeza mucho más tiempo del que imaginamos. Una crítica puede hacernos dudar de una idea. Una persona que constantemente cuestiona nuestras capacidades puede terminar haciendo que nosotros mismos cuestionemos lo que somos capaces de hacer.
Por eso, cuando emprendemos, también necesitamos aprender a poner límites. No se trata de ignorar las críticas, al contrario. Un buen emprendedor necesita escuchar, aceptar consejos y reconocer cuando se equivoca. La diferencia está en saber distinguir entre una crítica que busca ayudarnos a crecer y una opinión que simplemente pretende desanimarnos.
Hay personas que ven problemas en todo. También hay quienes, aun cuando las cosas no salen como esperábamos, nos ayudan a buscar alternativas. Esas son las personas que necesitamos cerca.
Porque emprender también significa aprender de nuestros errores, levantarnos cuando algo sale mal y volver a intentarlo. Y para eso necesitamos personas que nos recuerden nuestro valor cuando nosotros mismos comenzamos a olvidarlo.
Después de los 50, cuando decidimos comenzar un negocio, tenemos algo que no se puede comprar: experiencia. Hemos vivido suficientes situaciones para saber que no todo sale como queremos y que, muchas veces, detrás de un fracaso hay una lección que puede convertirse en una nueva oportunidad.
Por eso debemos cuidar no solo nuestro dinero, nuestro tiempo y nuestras inversiones; también debemos cuidar aquello a lo que permitimos entrar en nuestra mente. No podemos controlar las palabras de los demás, pero sí podemos decidir cuáles vamos a convertir en nuestra verdad. Al final, emprender también es escoger dónde ponemos nuestra energía.
Porque nuestro tiempo es una inversión demasiado valiosa para gastarlo en personas que constantemente nos hacen dudar de nuestro valor, de nuestras capacidades y de nuestros sueños.
No siempre podemos escoger a las personas que llegan a nuestra vida, pero sí podemos escoger cuáles dejamos quedarse en nuestra mente.

