El clásico musical, que se presenta en el Centro de Bellas Artes de Santurce, revela los tras bastidores de Broadway, pero su propuesta no solo es empática con los teatreros, sino con el público en general
Por Leonor Mulero
Para Soy Silver
El sombrero de copa, dorado o de otro color provocativo, fue la prenda protagónica. Luciendo ese accesorio, algunas personas posaron, solemnes o juguetonas, frente a los carteles del musical “A Chorus Line”, logrando que el estreno del espectáculo, el viernes pasado, empezara en el vestíbulo, no en el escenario, de la sala René Marqués del Centro de Bellas Artes Luis A. Ferré.
Ataviado con tonos oscuros y metálicos, y acentos dorados, el corillo de Delmara Rivera, Elizabeth Padilla, Mirta Raíces y Ohel Soto inició el disfrute de la experiencia tomándose fotos. “Nos encantan los musicales y “A Chorus Line” es uno de los más reconocidos y premiados. Estamos aquí apoyando el talento boricua, que es mucho”, expresó Rivera.
Desde su debut en 1975, la pieza concebida por el director estadounidense Michael Bennet, a base de historias reales de bailarines, ha sido uno de los éxitos más sostenidos de Broadway. Sus galardones incluyen nueve Tony y el Pulitzer de Teatro en 1976.
La nueva puesta en escena de la pieza reunió en el Centro de Bellas Artes a un buen número de teatreros. Los ojos de muchos asistentes seguían a la actriz, productora y cantante Laura Alemán, cuyo dossier fílmico incluye el rol protagónico femenino en la producción boricua “Gone”. La también presentadora es Lilith en “Soul Snatchers”, la película puertorriqueña dirigida por Julio Román que se exhibe ahora en Caribbean Cinemas.
“Vengo a ver A Chorus Line porque es uno de mis primeros amores en Broadway, adicional a que tengo muchas amistades, desde Tita (Guerrero), Francis (Rosas), en fin, la compañía entera. Y a disfrutármelo con mi mamita (Marissa Alemán), que está de cumpleaños”, dijo la actriz a Soy Silver sobre la obra que se presenta en español.

“A Chorus Line” debutó en Puerto Rico a principios de la década de 2000 en el Centro de Bellas Artes de Santurce y Bellas Artes de Caguas. Marian Pabón y Braulio Castillo, hijo, fueron parte del elenco, apuntó Axel Serrant, quien participó en aquel montaje. La nueva puesta en escena “es una experiencia y oportunidad artística para otros. Para mí significa mucha nostalgia y dar apoyo”, declaró el actor.
El viernes Marian Pabón estaba entre la audiencia. Era una “noche bien especial” porque su hija Ivana Méndez Pabón interpretaba a “Cassie”, el personaje que la madre hizo hace más de veinte años. “A Chorus Line” marca el regreso profesional a Puerto Rico de la joven artista, quien desde los 16 años está radicada en la Ciudad de Nueva York.
“Es una emoción muy grande que ella haga el personaje que yo hice; es una de esas cosas tan lindas”, comentó la versátil actriz. Madre e hija mantienen una relación muy cercana en la que el respeto impera. “Si ella me pregunta, le doy mi opinión. De lo contrario, me mantengo afuera. Ella tiene su propio estilo y yo lo respeto”, señaló. Elogió el trabajo de los jóvenes y veteranos comprometidos con la nueva producción, que es importante para el fortalecimiento del género musical a nivel local.
En eso el telón sube y muestra el escenario repleto de aspirantes forzados a probar su talento al estricto director “Zack”, el personaje de Francis Rosas. Quieren estar entre las cuatro mujeres y los cuatro hombres que compondrán un nuevo grupo de coristas en Broadway.
Una voz dicta los movimientos: “paso, kick, abajo, giro” son algunos. Los bailarines obedecen con el esfuerzo exigido por la dirección. Las instrucciones coreográficas provienen de “Larry”, la asistente de “Zack”. “Larry” es el personaje de Tita Guerrero, la primera mujer que lo interpreta en la historia de la pieza. No tiene que masculinizar la voz para darle verosimilitud a su personaje. Baila junto a los aspirantes con la agilidad y gracia de quien tiene formación coreográfica clásica y moderna.
Rosas se apropia de su personaje. “Zack” no le deja pasar ni una a los postulantes: prohibido bailar con la lengua por fuera; masticar chicle; estar tenso; salirse de la línea de formación. Sus comentarios, y las reacciones de los postulantes, provocan risas de la audiencia. También muestran la tensión del ambiente riguroso y el miedo a fallar.
La obra retrata los tras bastidores de Broadway. Aborda la vulnerabilidad laboral del mundo del espectáculo, causada por factores que no se limitan al talento del postulante. La misma fragilidad permea otros ámbitos económicos. Por eso la pieza es empática, no solo con los teatreros, sino con el público en general.
La puesta en escena es una especie de reality show en el que salen a la luz traumas, inseguridades, sacrificios y ambiciones de los 17 competidores mediante los interrogatorios agudos e invasivos a los que “Zack” los somete.
La resistencia de los aspirantes es recia. Porque es torturante mostrar lo que se guarda por dentro cuando implica sufrimiento, sacrificio, carencia y derrota. Algunos tratan de refugiarse en la comicidad. Otros fantasean o acuden a las medias verdades. Pero ninguno puede callar. Con el discurrir de las escenas salen a relucir las pesadas cargas: los hogares maltratantes y la homofobia. También el precio que se paga por ser considerada fea, tener baja estatura, ser plana de busto y nalgas. Envejecer es otro dilema, igual que el vacío interior. Y el terror de carecer de talento.
Esto último le sucede al personaje de Natalia Mejía Lugo, “Kristine”, la postulante que “canta mal”. El número con su esposo “Al” (Christian Medina) es estupendo. También es acertada la incursión en los pensamientos de algunos bailarines durante el turno de hablar de “Bobby”, el personaje gay de Jazael Rodríguez. Con la voz silenciada, “Bobby” parece un mimo mientras el reflector ilumina a algún contendiente cuyas reflexiones íntimas escuchamos.

Gusta mucho también el tap dancing de Ignacio Torres, a cuyo personaje “Mike” no le molesta para nada que lo llamen marica. “¿Y si lo fuera? Yo soy bailarín”, afirma. Por su parte, Ana Trigo, quien interpreta a “Maggie”, tiene una voz extraordinaria.
Una historia que refleja la dureza del mundo del espectáculo es la de “Cassie”. Ivana Méndez Pabón interpreta a una bailarina que, habiendo pertenecido al grupo de coristas de “Zack”, fracasó como actriz en Hollywood. “No sé actuar”, confiesa al director. Ella llevaba dos años sin trabajar y regresó a Nueva York buscando ser parte del coro, pero el director se opone. En el transcurso de la obra nos enteramos de la verdad: “Zack” está resentido porque “Cassie” terminó la relación sentimental entre ambos. Ella le aclara que tuvo que irse, porque él estaba consumido por el trabajo en Broadway. El solo de danza de “Cassie” frente a los espejos evoca frustración y dulzura a la vez.
Otra historia elocuente es la de “Paul”, interpretado por Javier Iván. “No estoy orgulloso de mi pasado”, declara. De pequeño deseaba ser como la actriz, cantante y bailarina boricua Chita Rivera. Sabiéndose gay, quería comportarse como un macho. Pero “muchos no saben lo que es ser un hombre de verdad”, dice el joven que fue abusado en la niñez. Paul cuenta que, empujado a dejar el colegio católico, dio tumbos hasta que incursionó en el mundo del espectáculo drag. Sus padres se enteraron cuando “Paul” iba a emprender un viaje artístico. Contrario a lo que el joven esperaba, le dijeron: “por favor, escríbenos, cuídate mucho”. “Cuide a mi hijo”, pidieron al jefe de la compañía.
Una lesión en la pierna troncha la carrera de “Paul”, lo que lleva a “Zack” a preguntar a los aspirantes qué harían si no pudieran bailar más. En el centro de las respuestas está la inseguridad laboral en Broadway, desafío que se extiende a otras áreas económicas porque “la única línea segura es la del desempleo”.
“Judy”, cuyas proporciones físicas desafían los llamados estándares de belleza de la industria del espectáculo en la década de 1970, revela sin timidez su plan en caso de que no pueda seguir bailando. “Dejar la dieta y disfrutar poniéndome gorda”, dice el personaje interpretado por Allison Trinta. La coreografía “One” cerró en grande, y con vistosos combinados dorados con sombreros de copa, el estreno a casa llena.
“A Chorus Line” continúa el próximo fin de semana en el Centro de Bellas Artes de Santurce. Los boletos están disponibles en Ticketera.

