
POR EL CENTRO
Héctor Maldonado
PERIODISTA DEPORTIVO
Podemos honrar a Dayshalee Salamán contando su historia con rigor y reconociendo lo que aportó al baloncesto puertorriqueño
Cuando le pregunté a Dayshalee Salamán qué había tenido que resolver consigo misma para anunciar su retiro con tranquilidad, su respuesta puso nuestra conversación en otro lugar. Habíamos comenzado hablando de baloncesto, pero ella fue directamente a lo que hoy ocupa el centro de su vida: “Entender que mi familia va primero, que yo necesito más a mi familia que al baloncesto, sinceramente”.
La frase merece espacio. Durante años conocimos a “Dinamita”, la armadora que entraba a la cancha con una intensidad que parecía desbordar su estatura. En esta entrevista habló también la mujer que se marchó de su entorno familiar a los 15 años para perseguir una carrera y que ahora desea estar presente en los cumpleaños, compartir con su sobrino, acompañar a su madre y vivir con su esposa sin tantas despedidas.
Su retiro, al concluir esta temporada con las Cangrejeras de Santurce, nace de esa decisión. Ella entiende que todavía puede aportar al baloncesto. Precisamente por eso, resulta significativo escucharla decir que prefiere dedicar los próximos años a quienes han compartido los sacrificios de su carrera.
“Yo sé que yo puedo aportar un poco más en los próximos años, pero yo estoy decidiendo irme porque no me quiero perder más tiempo fuera de mi casa, con mi familia”.
En el deporte celebramos la resistencia. Aplaudimos al atleta que sigue, que soporta, que consigue extender su carrera. La conversación con Salamán invita a reconocer también el valor de decidir hasta dónde llegar. Su familia lleva años acomodando la vida a entrenamientos, viajes y temporadas. Ahora ella quiere organizar la suya alrededor de ellos.
La historia deportiva de Dayshalee tiene méritos suficientes para ocupar un lugar en la memoria del baloncesto femenino puertorriqueño. En 2013 debutó con las Leonas de Ponce, fue seleccionada Novata del Año de forma unánime y terminó como campeona. Con el uniforme nacional formó parte de una generación que llevó a Puerto Rico a escenarios que durante mucho tiempo parecieron distantes.
Al recordar la clasificación olímpica, habló de una alegría atravesada por la incertidumbre de una lesión. Temió no poder estar allí. Luego pudo recuperarse y llegar a los Juegos. Ese recuerdo conserva para ella la dimensión de una conquista colectiva: haber ayudado a abrir una puerta para el baloncesto femenino del país.

Pero ninguna trayectoria transcurre únicamente entre victorias. Las muertes de su padrastro y de la abuela que la crió alteraron sus prioridades. Salamán se apartó durante dos años y, al explicarlo, reconoció que mentalmente no estaba preparada para continuar. Su relato permite comprender cuánto puede quedar fuera de una hoja de estadísticas.
En ese periodo encontró apoyo en su esposa, Bárbara Concepción. Al preguntarle quién había estado presente cuando faltaron los aplausos, la nombró sin rodeos. Recordó su comprensión durante momentos de ansiedad y depresión, y la tranquilidad que le brindó mientras atravesaba el duelo. Ese acompañamiento también forma parte de la historia de Dinamita.
El regreso de 2024 le reservó un capítulo extraordinario: campeonato con Santurce y premio de Jugadora Más Valiosa de la Serie Final. Para ella, una mujer de fe, aquella experiencia confirmó la posibilidad de levantarse después de un momento difícil. También recordó el cariño con que la franquicia la recibió y la confianza que le permitió sentirse nuevamente parte del equipo.
La despedida llegará con esa gratitud, aunque su espíritu competitivo permanece. En nuestra conversación, al hablar de las dificultades recientes de Santurce, sostuvo que el camerino continuaba unido y que las jugadoras seguían trabajando. Todavía tiene una temporada por disputar. La decisión de retirarse no ha cambiado su compromiso con sus compañeras.
Hay, además, una petición suya que merece atención. Salamán quiere que otras jugadoras reciban reconocimiento y que puedan seguir vinculadas al deporte después de retirarse.
“Hay muchas que deberían sentir lo que yo sentí esta semana”.
La liga y sus franquicias harían bien en escucharla. Una ceremonia puede agradecer una carrera; ofrecer oportunidades para enseñar, dirigir, desarrollar talento o participar en las decisiones permite aprovechar lo aprendido durante esa carrera. El conocimiento de estas mujeres merece continuidad.
Dinamita también pidió más público en las canchas. Desde su experiencia, el nivel competitivo y la remuneración han mejorado. Ahora desea ver ese crecimiento acompañado por una afición que respalde de manera constante el trabajo de las jugadoras. Su despedida nos ofrece una ocasión para mirarlas con mayor atención.
Cuando le pregunté qué sería lo más difícil de dejar, admitió que todavía no lo sabía. Esa respuesta dejó abierto el espacio que existe entre anunciar un retiro y vivir el último partido. Habrá emociones que solo conocerá cuando llegue ese día.
Sí tiene claro cómo desea ser recordada: como aquella pequeña que luchó y lo dejó todo en la cancha. Podemos honrarla conservando esa imagen, contando su historia con rigor y reconociendo lo que aportó al baloncesto puertorriqueño.
También podemos respetar lo que nos dijo al hablar de su futuro. Después de tantos años de viajes y sacrificios compartidos, Dayshalee quiere tiempo con los suyos. Se ha ganado el aplauso. Y tiene derecho a volver a casa.

