
EL TRUCO DE LA BUENA VIDA
Dra. Carmita Laboy
EDUCADORA, INVESTIGADORA Y TERAPISTA SEXUAL
La terapista sexual Carmita Laboy explica qué se puede hacer cuando llegan esos pensamientos en medio de la intimidad
No es que el placer se vaya con la edad. Lo que cambia no es el cuerpo, sino lo que ocurre antes de que el cuerpo actúe. Y eso no caduca: es la información que lo activa.
Nos enseñaron que el placer dependía de la juventud, del desempeño o del otro. Y cuando algo dejó de sentirse igual, asumimos que el tiempo lo había desgastado. Pero el placer no empieza en la juventud ni termina con los años. Nos acompaña desde el primer contacto con el mundo —cuando somos amamantados— y puede estar presente hasta el último suspiro.
No es solo biología. No es únicamente materia. Es información anticipativa. Información que recibimos fracciones de segundo antes de actuar, estemos o no conscientes de ello. Esa información activa una emoción. Y la emoción impulsa una conducta. La secuencia es clara: información → emoción → conducta.
Y en la dirección de esa conducta vive el libre albedrío.
1. El cuerpo no bloquea
Durante veinte años investigando la experiencia de disfunción orgásmica en mujeres, escuché una palabra repetirse con precisión: “Me bloqueo”; “Justo cuando me estaba gustando… algo pasó”; “Empiezo a pensar en otras cosas y se me va el ánimo” ; “Todo está bien en mi matrimonio… menos eso”.
El cuerpo no se bloquea. Lo que ocurre es que la información que llega activa un pensamiento que no es benevolente. Y cuando el pensamiento no es benevolente, la emoción se contrae. Y cuando la emoción se contrae, la conducta se detiene. No es edad. No es incapacidad física. No es ausencia de deseo. Es la dirección que toma la conducta.
2. Vivimos en intercambios constantes
Somos materia, pero también operamos en una dimensión donde intercambiamos información continuamente. Vivimos en dos tiempos simultáneos: el que percibimos y otro que actúa aunque no lo notemos.
La información siempre llega. Puede activar juicio. Puede activar temor. Puede activar distracción. O puede activar benevolencia. Cuando en medio de la intimidad surge un pensamiento como: “No puedo”; “No quiero”; “No siento nada”, no es el cuerpo quien decidió eso. Es la información activando un pensamiento que no sostiene la experiencia. Y en ese instante exacto aparece el punto de elección.
3. Benevolencia: el verdadero punto de giro
El libre albedrío no está en controlar la información. Está en sostener un pensamiento benevolente. Si el pensamiento que mantenemos es benevolente, la emoción se expande. La conducta se alinea. El placer fluye.
Si el pensamiento no es benevolente, la emoción se contrae. La conducta se frena. Y aparece lo que llamamos bloqueo. El placer no depende del rendimiento. Depende de la dirección que damos a nuestra conducta. Y la conducta sigue al pensamiento que sostenemos.
4. Micro-práctica para hoy
La próxima vez que en la intimidad surja un pensamiento que te desconecte, no luches contra él. Hazte una sola pregunta: ¿Estoy sosteniendo un pensamiento benevolente ahora mismo? Si no lo es, redirígelo. No desde la culpa. No desde la obligación. Desde la elección. Ese pequeño ajuste cambia la emoción. Y la emoción cambia la conducta.
5. Lo que realmente no caduca
El placer no envejece. Lo que cambia es el pensamiento que sostenemos. La información anticipativa siempre llega. La emoción siempre responde. La conducta siempre sigue. Y, cuando elegimos mantener un pensamiento benevolente, la experiencia se alinea.
Desde el primer contacto con el mundo hasta el último instante de vida, esa capacidad de dirigir nuestra conducta permanece intacta. Eso es lo que no caduca. El cuerpo no bloquea. La información llega. Y en ese segundo exacto decidimos hacia dónde dirigir la acción.
Ahí vive el libre albedrío. Ahí vive el placer que no envejece. Ahí vive la energía que no caduca.


