
EL TRUCO DE LA BUENA VIDA
Dra. Carmita Laboy
EDUCADORA, INVESTIGADORA Y TERAPISTA SEXUAL
La intimidad no se trata solo del cuerpo, se trata también del pensamiento, de la emoción y de lo que anticipamos
“Que eso no se dice; que eso no se hace; que eso no se toca.” La frase de la canción Esos locos bajitos de Joan Manuel Serra que hoy sigue siendo la letanía silenciosa de muchos… incluso en la cama. Porque sí, nos la llevamos a la intimidad. Y desde ahí, provoca frustraciones, disfunciones y bloqueo.
El bloqueo no aparece por casualidad. Aparece cuando no se cumple la expectativa. Esa idea de lo que “debe” decirse, hacerse o tocarse para garantizar el resultado.
Esa gran satisfacción que se supone que ocurra. Pero no ocurre. Y entonces algo se apaga.
¿De dónde nace esa expectativa? De una educación informal, incompleta y repetida. Una educación basada en: no se dice, no se hace, no se toca.
Una educación que nos enseñó del cuerpo, pero no de lo que somos en totalidad. No nos enseñó a observar lo que pensamos, lo que sentimos, ni cómo eso interviene en lo que anticipamos vivir. Y desde ahí, construimos la experiencia.
“Me bloqueé.” Eso fue lo que escuché una y otra vez en mi investigación: “Mi mente no me dejó”; “Quería, pero algo se apagó” ;“Empiezo a pensar tanto, que ya no estoy ahí”; “Es como si mi cuerpo estuviera, pero yo no.” Eso no es incapacidad. Eso es desconexión.
El punto en común
Siempre ocurre algo antes: un pensamiento, una interpretación automática, una interferencia. Y desde ahí… todo cambia.
El ciclo que nadie nos enseñó a ver
Pienso → siento → me bloqueo → me responsabilizo incorrectamente → refuerzo el bloqueo. Y entonces aparece el diálogo silencioso. Ese mutismo interno que nace del
“no se dice, no se hace, no se toca”.
La trampa de la responsabilidad
“Si yo hiciera más…” “Si él fuera diferente…” “Si los dos cambiáramos…” La responsabilidad se mueve. Se negocia. Se divide. Pero rara vez se reconoce desde el lugar correcto: tú. Porque la adscripción de responsabilidad es, primero, personal. Es, siempre, soy yo. Entonces… ¿qué hacemos? No se trata de forzar la experiencia. Se trata de transformarla desde antes.
El nuevo planteamiento
Sí se dice. Sí se habla. Sí se toca. No como oposición, sino como evolución consciente. ¿Cómo comenzamos?
- Educación (la correcta). No solo del cuerpo. También del pensamiento, la emoción y lo que anticipamos.
- Reconocimiento. No somos solo cuerpo. Lo que pensamos y sentimos también participa.
- Práctica consciente. Observar sin juicio. Reducir la exigencia. Actuar distinto.
Dos principios clave son la benevolencia y el bienestar. Porque no se trata de cumplir, sino de anticipar la mejor solución potencial posible. Y cuando eso ocurre, no solo cambia la experiencia íntima, cambia la relación contigo. Porque cuando cambia lo que ocurre antes, cambia todo lo que ocurre después. Se llama El Truco de la Buena Vida. Apréndetelo tú también
¿Te hizo sentido esta columna? Entonces es momento de vivirla. La Dra. Carmita Laboy te invita a la Experiencia Vivencial: El Truco de la Buena Vida (presencial y online). Para más información, llama al 787-989-0188

