
POR EL CENTRO
Héctor Maldonado
PERIODISTA DEPORTIVO
Puerto Rico se presentará en Santo Domingo 2026 con unos 400 atletas, una cifra que refleja la amplitud y diversidad de la delegación que nos representará en el centenario del evento deportivo
Dentro de pocas semanas, Puerto Rico volverá a desfilar en los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Será una participación más en el calendario deportivo, pero no una cualquiera. La edición de Santo Domingo 2026 marcará el centenario del evento multideportivo regional más antiguo del mundo, una celebración que inevitablemente invita a mirar hacia atrás antes de mirar hacia adelante.
La historia de Puerto Rico en estos Juegos es casi tan antigua como la propia competencia. Desde La Habana 1930, la delegación puertorriqueña ha sido parte de una narrativa que ha acompañado el desarrollo del deporte nacional durante generaciones. A lo largo de casi un siglo, atletas de distintas épocas encontraron en los Centroamericanos y del Caribe el escenario ideal para representar al país, construir legados y escribir algunas de las páginas más memorables de nuestra historia deportiva.
También ha sido una historia compartida. Puerto Rico ha tenido el privilegio de albergar los Juegos en tres ocasiones: San Juan 1966, Ponce 1993 y Mayagüez 2010. Cada una de esas sedes reflejó un momento distinto del país y del deporte puertorriqueño. San Juan mostró a una nación que comenzaba a consolidar su presencia regional. Ponce confirmó la capacidad organizativa de Puerto Rico. Mayagüez dejó la mejor cosecha de medallas de oro en nuestra historia con 48 preseas doradas y demostró que el país podía competir y organizar al más alto nivel.
Pero los Juegos también cuentan otra historia. La de las disciplinas que, en distintos momentos, han cargado con las expectativas nacionales. Hubo generaciones donde el atletismo ocupó ese espacio. Otras donde el boxeo se convirtió en sinónimo de éxito internacional. El béisbol escribió capítulos memorables. Los deportes de combate aportaron consistencia. Más recientemente, el tenis de mesa se transformó en una de las principales cartas de presentación del deporte puertorriqueño gracias a una generación encabezada por Adriana Díaz, Melanie Díaz y Brian Afanador.
Los resultados de los últimos ciclos ayudan a entender esa evolución. En Mayagüez 2010 brillaron disciplinas como el tenis de mesa, el judo, el boxeo, la lucha, la natación y el atletismo. En Veracruz 2014 el béisbol conquistó el oro mientras el boxeo volvió a responder a las expectativas. Barranquilla 2018 tuvo nuevamente al tenis de mesa como protagonista y San Salvador 2023 confirmó la vigencia de esa disciplina junto al regreso del béisbol a lo más alto del podio.
La historia reciente demuestra que Puerto Rico ha sabido encontrar protagonistas distintos en cada generación. Ahora, rumbo a Santo Domingo 2026, la conversación parece diferente. Puerto Rico ya ha certificado 123 atletas en 22 disciplinas deportivas, una cifra que refleja la amplitud y diversidad de la delegación que representará al país en el centenario de los Juegos.
Entre los nombres confirmados destacan figuras de reconocimiento internacional como la tenimesista Adriana Díaz, la nadadora Kristen Romano, el ciclista Abner González y el boxeador Ángel Llanos. También aparecen atletas como Yeziel Morales en natación, Stephanie Piñeiro, Ángel Rivera y Joshua Lorenzo en boxeo, así como las surfistas Mia Calderón y Havanna Cabrero, entre otros competidores llamados a ocupar posiciones de protagonismo.
En algunos casos, la historia también regresa a través de quienes ahora ocupan puestos de liderazgo. Juan “Igor” González estará al frente de la selección nacional de béisbol buscando devolver a Puerto Rico a los lugares de privilegio que históricamente ocupó ese deporte en la región. Mientras tanto, Luis Figueroa encabezará una delegación de atletismo que llega a Santo Domingo con una profundidad pocas veces vista en los últimos años, impulsada por el crecimiento de las pruebas de pista y campo y por el desempeño reciente de los equipos de relevo masculinos y femeninos.
Y quizás ahí se encuentre la historia más interesante de esta delegación. No necesariamente en quién ganará más medallas o qué deporte dominará el medallero puertorriqueño. Tal vez la verdadera noticia sea que Puerto Rico parece llegar al centenario de los Juegos con múltiples disciplinas capaces de aspirar al protagonismo. No una sola bandera deportiva. Varias.
Durante décadas, el país buscó figuras capaces de sostener gran parte de las expectativas nacionales. Hoy, en cambio, el panorama parece mucho más amplio. Hay talento en distintas disciplinas, generaciones emergentes en varios deportes y una estructura competitiva que ofrece alternativas más allá de los nombres tradicionales. El tenis de mesa sigue siendo una potencia regional. El béisbol mantiene credenciales de campeón. Los deportes de combate continúan produciendo resultados. Y el atletismo parece estar levantando la mano como una de las posibles historias de esta edición.
Por supuesto, los resultados finales siempre tendrán la última palabra. El deporte no entiende de proyecciones ni de nostalgias. Las medallas se ganan en la competencia, no en el papel. Sin embargo, cuando se observa el panorama completo, resulta difícil no sentir optimismo sobre el momento que vive el deporte puertorriqueño.
Hace cien años comenzaron los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Desde entonces, generaciones de atletas puertorriqueños han encontrado en ellos un escenario para soñar, competir y representar a su país con orgullo. Dentro de unas semanas, una nueva generación tendrá esa oportunidad. Puerto Rico llegará a Santo Domingo con historia detrás y esperanza delante.
Con leyendas que ayudaron a construir el camino y con nuevos nombres que intentarán recorrerlo. No sabemos todavía qué disciplina dominará, quién ganará más medallas o qué nombre se convertirá en el rostro de la delegación. Lo que sí sabemos es que el país volverá a presentarse con múltiples razones para creer. Y quizás, a
cien años de la primera edición de los Juegos, esa sea la mejor noticia de todas.

