El calor extremo que estamos sintiendo en Puerto Rico puede ser una emergencia de salud real, especialmente para las personas mayores
Por José R. Acarón, director estatal de AARP PR
Para Soy Silver
Este verano, cualquiera te lo dice en la calle: “¡Nene, el sol está que pica!” Y no es cuento. Todo apunta a que podríamos estar enfrentando uno de los veranos más calientes en décadas, impulsado por un fuerte fenómeno de El Niño, que está elevando las temperaturas en Puerto Rico. Pero más allá del comentario del día a día, este calor extremo puede ser una emergencia de salud real, especialmente para las personas mayores.
No es solo que “hace calor”. A medida que envejecemos, el cuerpo responde distinto. Sentimos menos sed, sudamos menos y el cuerpo no regula igual la temperatura. Si a eso le sumamos condiciones de salud como diabetes, hipertensión o ciertos medicamentos, el riesgo se multiplica. Lo que para algunos es “incómodo”, para otros puede terminar en una sala de emergencia o una hospitalización por deshidratación o golpe de calor.
Y ojo: el riesgo es todavía mayor para quienes viven solos. Muchas veces, nadie está ahí para notar que la persona está débil, confundida o que no está tomando suficiente agua. Por eso, en este calor que está que pica, cuidarse y cuidar a otros es clave. Entonces, ¿qué hacemos?
Primero, planificar el día. Si tienes que hacer una diligencia—ir al supermercado, al banco o a una cita médica—es mejor temprano en la mañana o ya en la tardecita. Salir a las 12 del mediodía con este sol es buscarse un problema. Es cambiar hábitos sencillos que hacen una gran diferencia.
Segundo, hidratarse, aunque no tengas sed. El clásico: “ahorita tomo agua”, no funciona en estos días. Carga tu botellita, ten un vasito cerca y toma agua durante el día. Puedes ayudarte con frutas como sandía, melón o china, que refrescan y aportan líquidos.
Tercero, comer liviano. Nada de comidas pesadas a mediodía, que lo que hacen es darte más calor. Una ensalada, frutas o algo más fresco ayuda al cuerpo a no sobrecargarse. En la ropa, sencillo: que sea ligera, de colores claros y cómoda.
Y aquí una idea que hay que volver a poner de moda: los paraguas para el sol. Antes era común verlos, ahora casi no. Pero funcionan. Un paraguas puede hacer la diferencia cuando estás caminando bajo ese sol fuerte. Súmale gorra o sombrero y gafas de sol; eso no es estilo, es protección.
En la casa, hay que ingeniárselas. Baja las cortinas durante el día, usa abanicos o aire acondicionado si puedes, y trata de ventilar en la mañana o en la noche. Si sientes que tu casa es un horno, sal un rato a un centro comercial, una biblioteca o un espacio fresco.
Y algo bien importante: mantente conectado. Una llamada a mamá, al vecino o al amigo adulto mayor no cuesta nada y puede salvar una vida. Preguntar, “¿ya tomaste agua?” o “¿cómo te sientes?” puede evitar una emergencia.
Porque sí… el sol y el calor están que pican. Pero con conciencia, con pequeños cambios y apoyándonos como comunidad, podemos enfrentar este verano sin poner en riesgo lo más importante: nuestra salud, nuestra vida y nuestra calidad de vida. Busca más consejos y recursos para protegerte del calor extremo en www.aarp.org/Calor


