
POR EL CENTRO
Héctor Maldonado
PERIODISTA DEPORTIVO
El futuro del béisbol puertorriqueño no está tan lejos como a veces pensamos. Probablemente está practicando esta misma tarde en algún parque de Vega Baja, Yabucoa, Caguas, Ponce, Mayagüez, Sabana Grande, Guánica, o cualquier otro pueblo
Cuando una Selección Nacional de Puerto Rico entra al terreno, cuando escuchamos nuestro himno antes de un partido internacional o uno de nuestros peloteros firma un contrato profesional, acostumbramos comenzar la historia por el final. Nos quedamos con la medalla, el uniforme, el batazo importante o el nombre que comienza a escucharse en todas partes. Pero, mucho antes hubo un niño que tomó una pelota en algún parque de nuestros pueblos, un entrenador que decidió enseñarle y una familia que estuvo dispuesta a acompañarlo.
Ahí comienza verdaderamente el deporte base. Su importancia no puede medirse solamente por la cantidad de jugadores que algún día alcancen las Grandes Ligas. En esas primeras etapas se aprende disciplina, responsabilidad, convivencia, respeto por las reglas y trabajo en equipo. También se aprende a ganar y a perder, a manejar la frustración y a regresar al parque después de un mal día. El deporte forma al atleta, pero también puede ayudar a formar al ciudadano.
El béisbol puertorriqueño ofrece durante estas semanas una buena fotografía de ese trabajo. La Federación de Béisbol de Puerto Rico puso en marcha la quinta temporada de sus ligas Sub-12 y Sub-15 con 47 franquicias, distribuidas en 14 equipos de la categoría Sub-12 y 33 de la Sub-15. La jornada inaugural tuvo actividad en nueve estadios alrededor de la Isla. Más allá de los números, significa cientos de jóvenes participando en una competencia organizada y encontrando un espacio para desarrollarse dentro del juego.
Y hay otro número que quizás diga todavía más sobre lo que significa trabajar desde abajo. El proceso de evaluación para escoger la Selección Nacional Sub-12 que representará a Puerto Rico en el Campeonato Panamericano de noviembre comenzó en abril y reunió a más de 450 jugadores en pruebas realizadas en distintas regiones de Puerto Rico y en Florida. De allí fueron escogidos los 18 integrantes del equipo nacional. Antes de ponerse la camisa de Puerto Rico hubo meses de evaluación, competencia, sueños y cientos de niños tratando de ganarse ese derecho.
Ese esfuerzo adquiere mayor dimensión cuando se mira la agenda internacional. Puerto Rico mantiene siete compromisos de la WBSC antes de terminar 2026, desde las categorías Sub-10 y Sub-12 hasta Sub-18, Sub-23 y Baseball5. Habrá participación en Venezuela, República Dominicana, Nicaragua y Panamá, mientras Puerto Rico tendrá la responsabilidad de organizar en diciembre la Copa Mundial de Baseball5. La Selección Sub-23, además, acudirá por tercera ocasión consecutiva a su Copa Mundial después de conquistar la medalla de plata en la edición de 2024.
Cada una de esas competencias representa mucho más que un torneo. Para un joven que comienza jugando en un parque municipal, vestir por primera vez el uniforme de Puerto Rico puede convertirse en una experiencia que transforme su manera de ver el deporte y su propia responsabilidad. Detrás de cada selección existen entrenadores, padres, dirigentes, ligas y comunidades que dedicaron horas para que ese atleta llegara hasta allí. Ningún proceso de formación se construye solo.
Major League Baseball también forma parte de esa estructura de desarrollo. Su programa en Puerto Rico comenzó en 2013 con el propósito de ofrecer entrenamiento y oportunidades de exposición a jóvenes de la Isla. En un balance publicado por MLB al cumplirse la primera década del programa, se informó que más de 200 jugadores participaban anualmente y que, durante esos primeros diez años, 44 habían sido seleccionados en el Draft, 21 habían llegado a programas universitarios de División I y 238 habían pasado por Junior College. MLB continúa incluyendo su programa de desarrollo en Puerto Rico dentro de su estructura de iniciativas juveniles.
Pero el éxito del deporte base tampoco debe limitarse a esos números. No todos llegarán al profesionalismo y eso no convierte en fracaso los años vividos dentro de un equipo. Algunos encontrarán oportunidades universitarias, otros vestirán el uniforme nacional y muchos tomarán caminos completamente distintos. Si el deporte les enseñó disciplina, compañerismo, responsabilidad y el valor de levantarse después de perder, aquella experiencia habrá tenido sentido.
También hay beneficio para el país cuando Puerto Rico recibe competencias internacionales. Del 9 al 13 de diciembre, la Copa Mundial de Baseball5 reunirá en Puerto Rico a delegaciones internacionales y tendrá como escenario el área del Balneario de Isla Verde, en Carolina. Un evento de esa naturaleza mueve atletas, técnicos, familiares y visitantes, pero también coloca al país frente a una audiencia deportiva internacional. Una actividad que comienza formando atletas puede terminar generando igualmente movimiento turístico, económico y comunitario.
El futuro del béisbol puertorriqueño no está tan lejos como a veces pensamos. Probablemente está practicando esta misma tarde en algún parque de Vega Baja, Yabucoa, Caguas, Ponce, Mayagüez, Sabana Grande, Guánica, Carolina o cualquier otro pueblo. Tener 47 franquicias juveniles activas, más de 450 niños presentándose a unas pruebas para aspirar a una selección Sub-12 y siete compromisos internacionales por delante no garantiza campeonatos ni asegura futuras estrellas. Pero sí demuestra que hay niños jugando, estructuras compitiendo y oportunidades abiertas.
Cuando aparezca la próxima medalla, una clasificación mundialista o un nuevo nombre puertorriqueño en las Grandes Ligas, volveremos a celebrar. Pero convendrá recordar que aquella historia comenzó mucho antes de las cámaras y los aplausos, posiblemente en un parque pequeño, con alguien dispuesto a enseñar y un niño deseoso de aprender.
Porque antes de cosechar, hay que sembrar. Y mientras nuestros niños tengan un parque donde jugar, una pelota que perseguir, un entrenador dispuesto a enseñar y una oportunidad para competir, Puerto Rico seguirá sembrando su futuro desde la base.

