Joaquín Jarque expone los retos y las satisfacciones de interpretar junto a su hermana, Sara Jarque, la obra de Luis Rafael Sánchez,“Quíntuples”
Hay proyectos que nacen para una temporada y otros que necesitan buena parte de una vida para encontrar su momento. El encuentro de Joaquín y Sara Jarque en “Quíntuples” pertenece a estos últimos. Los dos hermanos, dueños de carreras construidas durante más de cuatro décadas, se encontrarán prácticamente solos frente al público para sostener los seis personajes creados por Luis Rafael Sánchez en una de las obras fundamentales de la dramaturgia puertorriqueña.
La producción comenzará funciones el 12 de septiembre en el Teatro Victoria Espinosa, en Santurce, y llegará el 26 de septiembre al Teatro Yagüez de Mayagüez para una función única. Bajo la dirección de Emineh de Lourdes, Joaquín tendrá a su cargo a “Baby”, “Mandrake”y “Papá Morrison”, mientras Sara interpretará a “Dafne”, “Bianca” y “Carlota Morrison”. Se trata de seis personalidades diferentes, seis historias y seis voces que deberán construirse mediante el trabajo de solo dos intérpretes.
La particularidad, sin embargo, va mucho más allá de la distribución de personajes. Dentro de “Quíntuples”, los Morrison son una familia; fuera del escenario, Joaquín y Sara también lo son. Según ha explicado Joaquín, nunca antes dos hermanos de sangre, ambos actores profesionales, habían protagonizado la pieza interpretando precisamente a personajes unidos por ese mismo vínculo familiar. Él encontró una manera muy suya de definirlo: “arte genético”.
La idea de compartir “Quíntuples”, con Sara tampoco nació recientemente. Joaquín la llevaba consigo desde sus años universitarios. Cuando estudiaba en el Departamento de Drama tuvo la oportunidad de ver la pieza interpretada por dos de sus profesores, Idalia Pérez Garay y José Félix Gómez. Años después comenzó a colaborar con Teatro del 60, compañía a la que estuvo vinculado durante aproximadamente una década, y aquel contacto permanente con la obra terminó sembrando una idea que siguió creciendo con el tiempo: algún día quería hacerla junto a su hermana.
Sara, mientras tanto, desarrolló una carrera completamente propia. Actriz, cantante y bailarina, ha recorrido el teatro dramático, el musical y la televisión durante alrededor de 45 años. Personajes como “Sally Bowles”, en “Cabaret”, “Diana”, en “Casi Normales”, y “Amelia”, en “La Golondrina”, forman parte de una trayectoria en la que ha enfrentado registros muy distintos. “Quíntuples”, sin embargo, representa para ella un territorio nuevo: será la primera vez que interprete la obra de Luis Rafael Sánchez.
Joaquín llega desde otra experiencia. Él conoce la pieza, la ha interpretado anteriormente y durante los últimos años ha contribuido a devolverla a los escenarios dentro y fuera de Puerto Rico. Pero esta versión tiene para él un significado distinto porque finalmente podrá realizarla como la había imaginado desde el principio: junto a Sara. Después de compartir otros proyectos y coincidir en distintos elencos, esta será la primera ocasión en que los dos hermanos tendrán sobre sus hombros, prácticamente sin compañía, todo el peso de una producción de esta naturaleza.

Esa experiencia acumulada puede resultar determinante porque “Quíntuples”, no permite demasiado refugio al actor. Por indicaciones del propio texto, la producción está concebida desde el minimalismo. No hay una gran escenografía destinada a impresionar ni recursos que desvíen la atención. El centro está en la palabra de Luis Rafael Sánchez y, principalmente, en la capacidad de los intérpretes para transformar el escenario con sus personajes.
Joaquín reconoce ahora que durante años quiso hacer la obra, pero también admite que cuando era más joven todavía no tenía la madurez actoral necesaria para enfrentarla.
“Yo ahora, mirando para atrás el tiempo, reconozco que en aquella época, y un poco después también, yo no estaba listo actoralmente”, explicó durante una conversación sobre el montaje. Para él, “Quíntuples” exige actores con experiencia y dominio del oficio porque la dificultad no termina cuando cae la luz sobre quien está frente al público.
Mientras uno de los hermanos interpreta a uno de los Morrison, el otro está tras bastidores cambiando vestuario, maquillaje, postura, voz y concentración para convertirse en el próximo personaje. Apenas termina un monólogo comienza la preparación del siguiente. Joaquín sostiene que buena parte de la verdadera tensión de “Quíntuples” ocurre precisamente allí, donde el público no puede verla: “El verdadero estrés está tras bastidores”.
A esa exigencia se sumará un elemento imposible de ensayar desde cero: la relación entre Joaquín y Sara. Ambos han hablado de la química que existe entre ellos y de esas similitudes inevitables que aparecen entre hermanos: determinados gestos, movimientos, miradas o maneras de reaccionar. En una pieza donde la familia y las apariencias forman parte esencial del juego dramático, esas semejanzas naturales pueden añadir otra dimensión a los personajes.
Joaquín ha explicado que, en ocasiones, alguien que conversa con él descubre inesperadamente un gesto de Sara, y que a ella le ocurre lo mismo. Esa familiaridad que normalmente pertenece a la intimidad de una familia quedará ahora expuesta frente al público y puesta al servicio de seis personajes que, precisamente, comparten sangre dentro de la ficción. De ahí que “arte genético” deje de ser solamente una frase ingeniosa y se convierta en una descripción bastante precisa de lo que propone esta producción.
En medio de todo se encuentra Luis Rafael Sánchez. “Quíntuples”, estrenada originalmente el 3 de octubre de 1984, ocupa un lugar privilegiado dentro de su producción dramática y ha recorrido escenarios dentro y fuera de Puerto Rico. El propio Joaquín ha relatado que Sánchez escribió la pieza pensando originalmente en Idalia Pérez Garay, una de las grandes actrices del país y, precisamente, una de las maestras que marcaron sus años de formación.

Para Sánchez, la llegada de los hermanos Jarque a esta nueva etapa de la obra tiene también una significación particular. El autor ha elogiado la trayectoria de Sara y ha expresado públicamente su confianza en lo que ambos pueden conseguir en escena. Cuando Joaquín le confirmó que finalmente su hermana había aceptado participar, Sánchez respondió con una frase que rápidamente terminó acompañando el anuncio de la producción: “Eso va a ser insuperable”.
El dramaturgo también describió como “un lujo para la obra” poder contar con Sara. Para una actriz con cuatro décadas y media de trayectoria, debutar en “Quíntuples” teniendo el respaldo expreso de su autor añade una responsabilidad particular. Sara ha reconocido sentirse honrada y privilegiada por ese aval y ha planteado que su intención es hacer justicia a la palabra y al verbo de Sánchez.
La vigencia de la obra ayuda a explicar por qué continúa regresando a los escenarios más de cuatro décadas después de su estreno. Los Morrison hablan de ellos mismos mientras construyen ante el público versiones de sus vidas en las que realidad y ficción, verdad y mentira, comienzan a confundirse.
Joaquín ha descrito la pieza como una “radiografía de interioridades humanas” y también como un documento que permite mirar al Puerto Rico que transcurrió entre las décadas de 1950 y 1980. Sara encuentra, además, una conexión inmediata con el presente: vivimos en una época en la que las redes sociales permiten construir constantemente una versión pública de nosotros mismos.
Las máscaras sociales de las que habla “Quíntuples” por lo tanto, no desaparecieron con los años. Cambiaron los escenarios y las herramientas, pero permanece esa distancia entre lo que una persona es, lo que dice ser y lo que decide enseñar a los demás. Esa permanencia es parte de lo que ha permitido que una obra estrenada en 1984 continúe provocando preguntas en 2026.
Joaquín conoce bien esa capacidad de la pieza para trascender generaciones y geografías. Durante los últimos años la producción ha llegado a Connecticut, Boston y Nueva York, además de participar en el Festival Internacional de Miami. También ha tenido presentaciones en Puerto Rico y funciones dirigidas a instituciones educativas. Sin embargo, para el actor, esta nueva etapa representa algo distinto. “Ahora es que esto viene en grande”, afirmó.
Tal vez porque ahora están presentes todas las piezas que durante años imaginó reunir. Está Quíntuples. Está Luis Rafael Sánchez. Está la experiencia acumulada después de 42 años de carrera. Y, finalmente, está Sara.
En algún momento lejano, Joaquín fue aquel estudiante universitario que contemplaba desde una butaca cómo sus profesores se transformaban en los Morrison. Yo lo conocí por aquellos años, cuando él estudiaba teatro y otros transitábamos por salones de literatura, música e historia, entre ellos las clases de literatura hispanoamericana de Luis Rafael Sánchez. El tiempo tomó aquellos caminos y los llevó por lugares completamente distintos.
Décadas después, el profesor continúa acompañando la vida de su obra; el estudiante se convirtió en actor y regresa a ella después de toda una carrera; y Sara, después de construir la suya, llega para completar aquella idea que su hermano comenzó a imaginar cuando todavía estaba aprendiendo el oficio.
No hace falta colocar a nadie más en el centro. Esta vez, el escenario pertenece a los hermanos. Y quizá por eso, después de más de 40 años de historia de “Quíntuples”, la definición de Joaquín resulta difícil de mejorar: arte genético.
Los boletos para la obra están disponibles en Ticketera.

