Los Vaqueros conquistaron anoche su campeonato número 18, lograron el “back to back” y Renaldo Balkman fue seleccionado como el MVP
Ganar un campeonato es difícil. Defenderlo puede ser todavía más complicado. Los Vaqueros de Bayamón volvieron a demostrarlo la noche del domingo al superar 81-74 a los Santeros de Aguada en el séptimo y decisivo partido de la Serie Final del Baloncesto Superior Nacional, celebrado ante un Coliseo Rubén Rodríguez lleno a capacidad.
La victoria representó mucho más que el desenlace de una serie que necesitó todos sus partidos. Bayamón conquistó el campeonato número 18 de su historia, amplió su condición de máximo ganador del BSN y logró un back to back que no se producía en la liga desde que los Leones de Ponce ganaron campeonatos consecutivos en las temporadas de 2014 y 2015.
Los Vaqueros volvieron a la cima con Christian Dalmau al mando, pero lo hicieron con un conjunto diferente al que había levantado el trofeo un año antes. Cambiaron nombres, llegaron nuevos refuerzos y hubo que reconstruir parte de la fórmula sobre la marcha. Lo que permaneció fue una base acostumbrada a competir, una organización que conoce el peso de las grandes noches y una cultura en la que ganar no parece suficiente si no se vuelve a ganar.
El séptimo partido fue el reflejo de toda la serie. Fue cerrado, físico, cambiante y sin margen para el error. Bayamón comenzó con un avance de 7-0 y ganó el primer parcial 18-16, pero Aguada nunca permitió que el campeón defensor se escapara. El segundo periodo terminó igualado 15-15 y los Vaqueros llegaron al descanso con una ventaja mínima de 33-31.
Aguada consiguió tomar la delantera por primera vez temprano en el tercer periodo y desde entonces el partido entró en un intercambio constante. El marcador reflejaba 57-55 a favor de Bayamón al concluir los primeros 30 minutos. Después de tres parciales, el campeonato número 18 estaba separado por solamente dos puntos.
Los números describen cuán pareja fue la batalla. Hubo 22 cambios de liderato y la mayor ventaja de Bayamón durante todo el encuentro fue de siete puntos, precisamente la diferencia final. Pero los Vaqueros tuvieron una característica fundamental: estuvieron al frente durante 31 minutos y 56 segundos, mientras Aguada solamente comandó durante 2:56.
Con diez minutos por jugarse, ya no había mañana.
Bayamón ganó el último parcial 24-19 y encontró las respuestas cuando el partido comenzó a exigirlas. La defensa, el rebote, la ejecución desde la línea y la experiencia fueron inclinando lentamente una balanza que Aguada mantuvo en equilibrio durante buena parte de la noche.
Jassel Pérez fue el principal referente ofensivo de los campeones con 25 puntos, cuatro rebotes y una extraordinaria actuación de 10 canastos en 14 intentos de campo. Su producción fue indispensable en una noche donde cada posesión comenzó a adquirir valor de campeonato.
El capitán Javier Mojica volvió a aparecer en el escenario grande con 13 puntos y una actuación perfecta desde el perímetro, convirtiendo sus tres intentos de tres puntos. Chris McCullough terminó con 12 puntos y ocho rebotes, mientras Damián Jones aportó siete unidades y 10 capturas, cinco de ellas ofensivas.
Pero hubo una figura cuyo valor trascendió el box score del séptimo juego.
Renaldo Balkman, seleccionado como Jugador Más Valioso de la Serie Final, cerró el partido decisivo con seis puntos, seis rebotes y tres bloqueos en apenas 13 minutos. Su aportación durante toda la serie fue mucho mayor de lo que pueda representar una sola columna estadística. Defensa, energía, experiencia, presencia en la pintura y capacidad para impactar el partido sin necesitar protagonismo ofensivo fueron parte de su sello.

Y cuando el campeonato comenzó a decidirse, Balkman volvió a aparecer.
Con Bayamón arriba 75-72 y menos de un minuto por jugarse, el veterano bloqueó una gestión ofensiva de Joel Soriano en una de las posesiones más importantes del encuentro. Poco después, Gary Browne convirtió dos tiros libres que aumentaron la ventaja a 77-72 y acercaron definitivamente a los Vaqueros al trofeo.
Fue, quizás, la jugada que mejor resumió la Serie Final del MVP: no necesariamente la más vistosa, pero sí una de esas acciones que cambian partidos y ayudan a ganar campeonatos.
Colectivamente, Bayamón encontró ventajas importantes en áreas fundamentales. Dominó los rebotes 42-29 y los puntos de segunda oportunidad 15-8. Su banca superó 16-4 a la de los Santeros, mientras los Vaqueros anotaron 17 puntos en contraataque.
También estuvo la diferencia desde larga distancia. Bayamón convirtió nueve triples en 21 intentos para un 42.9 por ciento, mientras Aguada terminó con seis en 22 para 27.3 por ciento. Desde la línea de tiros libres, los campeones fueron igualmente efectivos al convertir 20 de 23 intentos.
Aguada, sin embargo, cayó de pie.
Joel Soriano lideró a los Santeros con 21 puntos y siete rebotes. Jacob Wiley agregó 14 unidades, mientras Rigoberto Mendoza terminó con 12 puntos, seis rebotes y ocho asistencias. Manuel Camper también aportó 12 y el capitán Iván Gandía añadió 11.
Los cinco iniciadores de Aguada produjeron 70 de los 74 puntos del equipo, mientras la banca aportó apenas cuatro. Los Santeros dominaron 38-32 los puntos en la pintura y nuevamente demostraron por qué llevaron al campeón hasta el límite.
La serie estuvo lejos de ser un paseo para Bayamón. Los Vaqueros tomaron ventaja de 2-0, Aguada respondió para igualarla 2-2, Bayamón volvió a colocarse al frente 3-2 y los Santeros contestaron una vez más para obligar un séptimo partido. Durante semanas ninguno consiguió despegarse definitivamente del otro. Por eso el campeonato número 18 posee un significado particular.
Bayamón no solamente defendió una corona. Lo hizo después de modificar su plantilla, enfrentar adversidad y encontrarse frente a un rival que nunca aceptó el papel de acompañante. Aguada obligó a los Vaqueros a demostrar hasta el último día por qué habían llegado como campeones.
Javier Mojica, Gary Browne y Stephen Thompson Jr. formaron parte del núcleo que sobrevivió a la transformación de una temporada a otra. Alrededor de ellos, piezas como Pérez, Jones y McCullough encontraron su lugar en un equipo que terminó entendiendo qué se necesitaba para ganar cuando más importaba.
Y Christian Dalmau volvió a conducirlo hasta la cima. Dos temporadas. Dos campeonatos.
En una liga donde las plantillas cambian, los refuerzos van y vienen y cada temporada parece comenzar desde cero, conseguir continuidad en el éxito tiene un valor extraordinario. Bayamón encontró la manera. La historia del BSN tiene grandes franquicias, grandes generaciones y campeones inolvidables. Pero los números tienen su propio lenguaje y el de los Vaqueros ahora dice 18. Dieciocho campeonatos. Dos consecutivos.
Y mientras el Rubén Rodríguez celebraba otra coronación, quedó nuevamente planteada la pregunta que acompaña a las grandes dinastías deportivas: no cuánto cuesta llegar a la cima, sino cuánto tiempo puede permanecer allí quien ya aprendió el camino.
Por ahora, la respuesta pertenece a Bayamón. El campeón volvió a ser campeón. El reinado continúa.

