De acuerdo a especialistas, la cirugía a la que fue sometido el bateador boricua presenta una alta tasa de éxito
La cirugía a la que fue sometido Francisco Lindor por una reacción de estrés en el hueso hamato de su mano izquierda generó preocupación inmediata en el entorno de los New York Mets y entre sus seguidores, especialmente considerando que el Día Inaugural está a seis semanas. Sin embargo, evaluaciones médicas especializadas sugieren que el panorama podría ser más alentador de lo que inicialmente se temía.
De acuerdo con un análisis publicado por el periodista Danny Abriano, quien consultó al cirujano ortopeda deportivo Deepak Chona, formado en Stanford y Harvard y fundador de SportsMedAnalytics, el procedimiento al que fue sometido Lindor es el más común entre jugadores de Grandes Ligas cuando se trata de fracturas o lesiones por estrés en el gancho del hamato, y presenta una alta tasa de éxito.
“El hamato es un hueso de la muñeca que tiene un pequeño gancho que es un punto débil, susceptible a fracturas por impacto directo o por estrés repetitivo”, explicó Chona. En el caso de Lindor, la lesión fue producto del movimiento repetitivo del bate contra esa zona de la mano. El tratamiento quirúrgico consiste en remover el fragmento afectado, procedimiento que, según el especialista, suele tener resultados favorables.
Sobre el calendario de recuperación estimado en seis semanas, Chona indicó que es “muy realista”. Más aún, sostuvo que los datos disponibles demuestran que, tras este tipo de cirugía, no se observa un cambio significativo en métricas como WAR ni en la producción de poder a mediano plazo.
El tema del poder ofensivo ha sido uno de los principales puntos de debate. Un ejemplo reciente dentro de la misma organización fue el del receptor Francisco Álvarez, quien también fue sometido a la misma intervención en 2025. Álvarez tardó aproximadamente 46 días en regresar a las Mayores y experimentó una caída inicial en producción durante sus primeros 20 juegos tras la cirugía, antes de recuperar su ritmo ofensivo en la segunda mitad del año.
Chona explicó que el impacto temporal en el poder suele estar relacionado con la recuperación de la fuerza de agarre y el control del bate. “Esta disminuye tras la cirugía debido a la inflamación muscular y porque el gancho del hamato participa en la generación de fuerza de agarre”, señaló el especialista. Sin embargo, agregó que, por lo general, el nivel de desempeño tiende a normalizarse entre seis y ocho semanas después del regreso a juego.
Un elemento que podría jugar a favor de Lindor es su condición de bateador ambidiestro. La cirugía fue realizada en la mano que es dominante cuando batea a la derecha, mientras que la mayoría de su producción de poder proviene del lado izquierdo del plato. En 2025, solo siete de sus 24 cuadrangulares llegaron bateando a la derecha, y su OPS fue significativamente superior desde el lado zurdo.
“El área cercana al hamato soporta mayor fuerza en la mano izquierda cuando se batea a la derecha. Es posible, si no probable, que el hecho de que Lindor sea ambidiestro le permita recuperarse más rápido que otros bateadores”, explicó Chona. El especialista anticipa que cualquier efecto inicial podría notarse más al batear a la derecha, pero que entre uno y dos meses después del regreso, el jugador debería acercarse a su nivel base desde ambos lados del plato.
En cuanto al pronóstico a largo plazo, la evaluación médica también es tranquilizadora. El riesgo de re-lesión es relativamente bajo y la tasa de complicaciones del procedimiento es mínima. “Su panorama para 2026 sigue siendo relativamente fuerte”, concluyó el cirujano.
Para los Mets, y para Puerto Rico, la noticia representa un cambio en el tono de la conversación: de la preocupación inicial a una expectativa respaldada por evidencia médica. La temporada aún no comienza, pero el mensaje desde el quirófano es claro: la recuperación de Lindor no solo es posible, sino proyectada como favorable.

