La delegación boricua mantiene vivo el objetivo de acercarse al centenar de preseas cuando los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe entran en su fase decisiva
Cuando la delegación de Puerto Rico partió rumbo a Santo Domingo, el mensaje fue claro: la meta era acercarse al centenar de medallas. Para algunos sonó ambicioso. Después de todo, en unos Juegos Centroamericanos y del Caribe basta una mala jornada para alterar cualquier proyección. Sin embargo, a falta de varias de las disciplinas con mayores opciones de podio, aquel objetivo comienza a dejar de parecer un deseo para convertirse en una posibilidad real.
Con la jornada hasta la tarde del martes, Puerto Rico elevó su producción a 74 medallas, reafirmándose entre las principales delegaciones de la región y demostrando que el éxito no ha dependido de una sola disciplina, sino de un trabajo amplio que se refleja en deportes individuales y colectivos por igual. Más importante aún, el calendario todavía reserva oportunidades para seguir aumentando la cosecha cuando el atletismo, el boxeo y otras modalidades entren en sus momentos culminantes.
Uno de los nombres propios de la jornada fue el de Gabriela Hwang. Con apenas 19 años, la esgrimista puertorriqueña volvió a confirmar que representa el presente y el futuro de este deporte en la Isla al conquistar la medalla de plata en sable femenino. Su actuación dejó una impresión que va más allá del color de la presea: enfrentó sin complejos a rivales de experiencia internacional y demostró que la renovación generacional del deporte puertorriqueño ya no es una promesa, sino una realidad.
El atletismo también escribió una página de valor histórico gracias al barranquiteño Víctor Ortiz, quien obtuvo la medalla de plata en los 5,000 metros con registro de14:02.74, solo superado por el mexicano Eduardo Herrera, mientras el colombiano Pedro Marín completó el podio. Pero el resultado adquiere una dimensión mayor cuando se mira con perspectiva: Ortiz se convirtió en apenas el tercer puertorriqueño que alcanza una medalla en esta prueba dentro de los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Antes lo habían conseguido Juan Orlando Ceballos, con el bronce en Ponce 1993, y Héctor Pagán, campeón en San Salvador 2023. El fondismo boricua vuelve así a dejar su huella en una de las pruebas más exigentes del programa atlético.
La actuación puertorriqueña en Santo Domingo también ha tenido una característica que pocas veces recibe el reconocimiento que merece: la profundidad. El medallero no ha sido sostenido por una o dos figuras, sino por una delegación que ha encontrado respuestas en disciplinas tan diversas como el tiro deportivo, la natación, el tenis de mesa, la esgrima, los deportes colectivos, el ciclismo, el surf, el judo, la lucha, el taekwondo y otras modalidades que han aportado puntos valiosos para mantener a Puerto Rico entre los protagonistas de la justa regional.
Ese equilibrio explica por qué la proyección hacia el cierre de los Juegos resulta alentadora. Todavía quedan jornadas importantes en el atletismo, el boxeo, la vela, la esgrima, el voleibol femenino, el tenis de mesa y otras disciplinas que aún no han completado su programa competitivo. Nadie puede garantizar cuántas medallas adicionales llegarán, pero sí existe un escenario favorable para que la delegación continúe sumando y mantenga vivo el objetivo trazado antes de salir de la Isla.
Más allá de los números, Santo Domingo está dejando otro mensaje. Puerto Rico sigue produciendo atletas capaces de competir al más alto nivel en una amplia variedad de deportes. Mientras unos nombres ya consolidados continúan respondiendo en los escenarios internacionales, una nueva generación comienza a abrirse paso con actuaciones que invitan al optimismo de cara al próximo ciclo olímpico.
Las medallas siempre ocuparán los titulares. Son el parámetro con el que se mide el éxito de una delegación. Pero detrás de cada una hay años de entrenamiento, sacrificios familiares, entrenadores que trabajaron lejos de los reflectores y federaciones que apostaron por procesos a largo plazo. Esa es la verdadera historia que está escribiendo Puerto Rico en Santo Domingo.
Y mientras el medallero sigue creciendo, también lo hace la sensación de que esta delegación todavía tiene páginas importantes por escribir. Las 100 medallas continúan siendo un desafío enorme, pero ya nadie puede descartarlas como una simple ilusión. En el deporte, como en la vida, los objetivos dejan de parecer imposibles cuando el trabajo comienza a acercarlos a la realidad.

