
EL TRUCO DE LA BUENA VIDA
Dra. Carmita Laboy
EDUCADORA, INVESTIGADORA Y TERAPISTA SEXUAL
A veces seguimos queriéndonos, seguimos compartiendo, incluso seguimos besándonos, pero percibimos que algo se siente diferente…
Este escrito comienza con gratitud. Se lo dedico a mis hijos y a ese maravilloso grupo de amigos —boricuas, colombianos y bogotanos— que me regalaron mucho más que un domingo de música en Bogotá.
Que mis hijos me incluyan en sus planes, ya me parece espectacular. Que además podamos disfrutarlos juntos, reír, bailar, cantar y crear recuerdos con sus amigos, para mí es majestuoso. Y aquel domingo en el Festival Cordillera fue precisamente eso: un banquete musical y afectivo. Comenzó con Robi Draco Rosa, continuó con Pedro Capó cantando con Jarabe de Palo, luego Kany García, y terminó con broche de oro con Ricky Martin. Horas de música compartidas con personas que hicieron que me sintiera bienvenida, querida y especial.
En medio de aquel banquete musical, hubo una frase que se vino conmigo a Puerto Rico cuando Draco cantó el tema “Todo por el amor”, en el que aparece la secuencia “mis besos de hielo”. Y mientras seguía la música pensé: ¿cuándo cambia la temperatura de un beso? No hablo de grados. Hablo de esa temperatura invisible que reconocemos cuando un beso nos acerca, nos conecta, nos hace sentir presentes. Y pensé en la intimidad.
Un beso no es solamente un beso
La ciencia lleva tiempo estudiándolo. Una investigación con 1,605 personas que llevaban al menos dos años en relaciones comprometidas encontró que una mayor frecuencia de besos estaba asociada con mayor satisfacción sexual y de pareja. También se relacionaba con mayor excitación, experiencia de orgasmo y satisfacción durante los encuentros íntimos.
Es decir, el beso puede ofrecernos información sobre algo mucho más amplio que el contacto entre dos bocas: puede hablarnos de conexión. Y sabemos algo más. Una amplia revisión científica publicada en Nature Human Behaviour, que reunió 137 estudios en su metaanálisis, encontró beneficios del contacto físico sobre distintos indicadores de salud física y mental, incluyendo ansiedad, dolor y depresión.
El cuerpo también conversa. Una mano que busca otra. Una caricia. Un abrazo. Un beso. Y precisamente porque el cuerpo conversa, también podemos aprender a escucharlo.
Cuando un beso nos cuenta que algo ha cambiado
No todo encuentro íntimo se siente igual. A veces seguimos queriéndonos, seguimos compartiendo, incluso seguimos besándonos, pero percibimos que algo se siente diferente. Y antes de intentar cambiarlo, podemos hacer algo mucho más interesante: observarlo. ¿Qué sentí? ¿Qué pensé? ¿Qué esperaba que ocurriera? ¿Qué anticipé antes de acercarme?
Porque llegamos a cada encuentro con información. Llevamos recuerdos, experiencias, expectativas y posibilidades sobre lo que podría suceder. Desde el modelo cognitivo-conductual sabemos que la manera en que interpretamos una situación se relaciona con nuestras emociones y nuestras conductas. Por eso, en El Truco de la Buena Vida, propongo observar incluso un instante antes: ¿qué estoy anticipando?
Tal vez ahí descubramos algo importante: no estamos respondiendo solamente al beso que está ocurriendo. También estamos respondiendo a la historia que llevamos a ese beso y a lo que anticipamos que sucederá después. Y observarlo nos abre una puerta. Porque si puedo reconocer la información que estoy llevando al encuentro antes de convertirla en certeza, también puedo reconocer que esa no es la única posibilidad.
De la información a la posibilidad
Y aquí es donde observar se convierte en acción. Ante aquello que descubrimos, podemos hacernos la pregunta que utilizamos en El Truco de la Buena Vida: ¿Cuál es la mejor solución potencial posible? Quizás sea hablar. Quizás sea preguntar en lugar de interpretar. Quizás sea acariciarnos sin que la caricia tenga obligatoriamente que conducir a una relación sexual. Quizás sea volver a besarnos sin expectativas de desempeño. Quizás sea jugar, reír, tocarnos, mirarnos. O, simplemente, regalarnos presencia.
No existe una respuesta idéntica para todas las personas ni para todas las parejas. Lo importante es reconocer que entre lo que anticipamos y lo que finalmente hacemos hay posibilidades. Y ahí podemos participar conscientemente. Porque bienestar íntimo no significa obligarnos a sentir deseo, excitación o placer. Significa crear las condiciones para encontrarnos desde la curiosidad, la comunicación, el consentimiento y el bienestar.
Aquella noche, entre miles de personas, Draco Rosa cantó sobre sus “besos de hielo”. Y yo me quedé pensando que quizás la temperatura de nuestros besos no se decide solamente cuando nuestros labios se encuentran. Puede comenzar mucho antes, en aquello que anticipamos antes de acercarnos.
Y si aprendemos a observar esa información antes de convertirla en certeza, aparece algo maravilloso: la posibilidad de elegir qué queremos hacer con ella. También en nuestra intimidad podemos anticipar la mejor posibilidad. Porque El Truco de la Buena Vida es anticipar bienestar siempre.
La autora es sexóloga, investigadora, educadora y creadora de El Truco de la Buena Vida, una propuesta para que anticipes tu bienestar.

