
¡AHORA ES QUE ES!
Mildred Tirado Vázquez
PERIODISTA
Hoy descubro que comenzar de nuevo no significa empezar desde cero, sino hacerlo con todo lo vivido
Hace varias columnas compartí mis diez lecciones sobre el emprendimiento y, entre ellas, destacaba una que hoy cobra gran importancia: no poner todos los huevos en la misma canasta.
A los de mi generación nos enseñaron a escoger un camino, prepararnos para una profesión, conseguir un buen empleo y permanecer allí hasta la jubilación. Era, para muchos, la fórmula del éxito. Pero el mundo cambió y nosotros también.
Hay momentos en la vida que no escogemos. En mi caso, fue un retiro inesperado que me hizo preguntarme, en medio de pensamientos negativos que inundaban mi mente: “¿Y ahora qué?”. Pero el tiempo me demostró que la pregunta correcta era otra: “¿Qué puedo hacer con todo lo que he aprendido?”. Y la respuesta comenzó a aparecer de maneras que nunca había imaginado.
Hoy tengo la oportunidad de coordinar un Centro de Innovación y Aprendizaje para estudiantes en el colegio donde estudié. Un espacio donde la creatividad, la tecnología y las ideas se unen para preparar a una nueva generación. Mientras ellos aprenderán nuevas herramientas, yo tendré el privilegio de compartir algo que solo pueden regalarnos los años: experiencia.
Esta nueva etapa también me ha reafirmado que, después de los 50, hay vida, proyectos y muchas metas por alcanzar. Podemos emprender, enseñar, aprender una nueva tecnología, comenzar un pequeño negocio, escribir, asesorar o descubrir un talento que habíamos dejado olvidado. Porque el significado de no poner todos los huevos en la misma canasta, cuando llegamos a esta etapa de la vida, también implica diversificar nuestros ingresos y nuestras oportunidades.
A estas alturas del juego, somos todo lo que hemos aprendido: las experiencias acumuladas, las relaciones construidas, los errores que nos enseñaron y las capacidades que todavía podemos desarrollar. A veces creemos que después de los 50 las oportunidades disminuyen, pero lo que cambia es la forma en que llegan.
Ya no siempre aparecen como el empleo que soñábamos, el ascenso que esperábamos o la posición que creíamos que nos correspondía. Muchas veces llegan disfrazadas de retos que, al principio, nos asustan. Y ahí está nuestra decisión: quedarnos lamentando lo que perdimos o atrevernos a descubrir lo que todavía podemos construir.
Así que, si la vida te cerró una puerta después de los 50, no asumas que terminó tu recorrido. Llegó el momento de abrir varias puertas. Mira a tu alrededor, aprende algo nuevo, emprende e invierte en ti. No pongas todos tus huevos en una sola canasta, porque quizás uno de esos huevos sea un proyecto que todavía no ha nacido; otro, una idea que has pospuesto; un talento que nunca te atreviste a desarrollar o, quizás, una oportunidad que llegará precisamente cuando pensabas que ya no llegaría ninguna.
Yo decidí decir que sí. Y hoy descubro que comenzar de nuevo no significa empezar desde cero, sino hacerlo con todo lo vivido: con los aciertos y los tropiezos, con más claridad sobre lo que quiero y, más importante aún, sobre lo que ya no quiero.
Y para cerrar, un consejo que considero valioso: después de los 50, el miedo ya no debería ser volver a empezar; debería ser dejar pasar la oportunidad de descubrir todo lo que todavía puedes hacer.
