
POR EL CENTRO
Héctor Maldonado
PERIODISTA DEPORTIVO
Los Valores del Año del BSN 2026 dejaron una certeza sobre la cancha y una preocupación fuera de ella: durante demasiado tiempo hemos confundido información con conocimiento
Cada temporada hacemos exactamente lo mismo. Discutimos quién fue el Jugador Más Valioso, quién merecía el Novato del Año, quién dirigió mejor y quién debió quedarse con el premio de Defensa del Año. Debatimos con pasión, defendemos nuestros argumentos y, muchas veces, creemos tener la razón absoluta. Sin embargo, casi nunca nos detenemos a formular la pregunta que verdaderamente debería abrir cualquier discusión seria: ¿comparado con quién?
Porque ahí comienza la diferencia entre opinar y analizar. Durante demasiado tiempo hemos confundido información con conocimiento. Hoy conocemos más estadísticas que nunca. Sabemos cuántos puntos anotó un jugador, cuántos rebotes capturó, cuántas asistencias repartió y cuál fue su porcentaje de efectividad. Lo encontramos en segundos. Lo compartimos en minutos. Lo olvidamos al día siguiente. Lo que ya no hacemos con la misma frecuencia es colocar esos números dentro de la historia del deporte que pretendemos analizar. Y esa ausencia de contexto tiene consecuencias. Una estadística aislada informa. Una estadística comparada explica. Una estadística entendida desde la historia, trasciende.
Hace unos días, mientras repasaba junto al profesor Jorge Francisco «Paquito» Rodríguez Jiménez varias de las libretas donde ha recopilado durante décadas la historia estadística del BSN, entendí que el verdadero valor de aquellas páginas no estaba en los números escritos con tinta. Estaba en las preguntas que podían responder. Aquellas libretas no fueron hechas para vivir del pasado. Fueron construidas para que el presente pudiera entenderse mejor.
Fue entonces cuando comprendí que el problema no es que la historia se esté olvidando. El problema es mucho más profundo: hemos dejado de utilizarla como herramienta de análisis. Decir que Travis Trice promedió 10.1 asistencias por partido, describe una gran temporada. Descubrir que esa producción conversa con las 311 asistencias que Pablo «Pablito» Alicea repartió en 33 juegos en 1990, con las campañas de Bobby Joe Hatton y Jimmy Ferrer, cambia completamente la dimensión del dato.
Ya no estamos hablando únicamente del mejor armador de 2026; estamos preguntándonos dónde se ubica dentro de la historia del BSN. Lo mismo ocurre con Thomas Robinson y sus 11.4 rebotes por encuentro. La cifra impresiona. Pero solo adquiere su verdadero significado cuando se compara con los 18.0 rebotes por juego de Nick Davis en 2001, los 523 rebotes de Ramón Rivas en 30 partidos durante 1989 o la extraordinaria producción de Mario Butler en 1983. La historia no disminuye los logros del presente; les da la perspectiva que necesitan.
Christian Dalmau fue reconocido justamente como Dirigente del Año. Esa fue la noticia. El análisis histórico reveló algo mucho más trascendente: por primera vez un padre y un hijo compartían ese reconocimiento. Raymond Dalmau lo conquistó seis veces. Christian añadió un capítulo inédito. El trofeo fue el mismo. Lo que cambió fue nuestra comprensión de su significado.
Y ahí comprendí algo que me inquieta como periodista. Nos hemos acostumbrado a nombrar jugadores, repetir estadísticas y discutir resultados. Pero nombrar los nombres no sirve de nada sin los números ni el análisis. Repetir que alguien fue extraordinario no convierte una temporada en histórica. Lo que la convierte en histórica es demostrarlo. Y demostrarlo exige memoria, investigación, comparación y contexto.
Tal vez el mayor daño que la inmediatez le ha hecho al periodismo deportivo no sea la velocidad con la que se publica la información, sino la velocidad con la que dejamos de analizarla. Hoy cualquiera puede acceder a una base de datos. Lo verdaderamente difícil sigue siendo responder qué significan esos números y por qué merecen ocupar un lugar dentro de la historia de nuestro deporte. Esa sigue siendo una responsabilidad que ninguna aplicación, ninguna inteligencia artificial y ninguna hoja de estadísticas podrá asumir por nosotros.
La historia nunca fue escrita para quedarse atrapada en el ayer. Fue escrita para ayudarnos a comprender el presente. Cuando dejamos de utilizarla con ese propósito, deja de ser una herramienta de conocimiento y se convierte en una simple efeméride. Un dato curioso. Un recuerdo que citamos de vez en cuando, pero que ya no utilizamos para pensar. Las estadísticas nunca han sido el problema. El verdadero problema comienza cuando creemos que hablan por sí solas. Ningún número tiene memoria. Somos nosotros quienes debemos darle contexto, confrontarlo con el pasado e interpretarlo con honestidad. Porque un dato aislado informa; un dato analizado enseña.
Y quizás ese sea hoy el mayor desafío del periodismo deportivo puertorriqueño. No producir más información. No llegar primero. No publicar más rápido. Volver a explicar el deporte. Porque un país que deja de explicar la historia de sus atletas, de sus equipos y de sus grandes temporadas, no pierde únicamente la memoria de un campeonato. Comienza, poco a poco, a perder parte de su identidad deportiva.

