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Home PUNTO DE VISTA

El fútbol vuelve a detener el mundo

Redacción Silver Por Redacción Silver
junio 8, 2026
in PUNTO DE VISTA
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El fútbol vuelve a detener el mundo

Foto: Facebook FIFA World Cup 2026

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POR EL CENTRO

POR EL CENTRO

Héctor Maldonado

PERIODISTA DEPORTIVO

A tres días del inicio de la vigésima tercera Copa Mundial de la FIFA, este deporte se prepara para vivir el torneo más grande de su historia

Dentro de tres días comenzará una nueva Copa Mundial. Parece una frase sencilla, pero detrás de ella existe una historia que se remonta a casi un siglo. Desde Uruguay 1930 hasta nuestros días, generaciones enteras han crecido alrededor de este torneo. Han cambiado los países anfitriones, los formatos, los futbolistas y hasta la manera de consumir el deporte, pero cada cuatro años ocurre exactamente lo mismo. El mundo encuentra una excusa para detenerse y mirar hacia una misma dirección: el fútbol.

La edición de 2026 será la número 23 en la historia de la FIFA y posiblemente la más ambiciosa de todas. Por primera vez participarán 48 selecciones nacionales. Por primera vez tres países compartirán la organización del torneo. Por primera vez se disputarán 104 partidos distribuidos a través de 16 ciudades de Canadá, Estados Unidos y México. Sin embargo, los Mundiales rara vez son recordados por sus formatos. Son recordados por las historias que dejan detrás. Y pocas veces una Copa Mundial ha llegado cargada de tanto simbolismo como esta.

Mientras el torneo más moderno jamás organizado se prepara para abrir sus puertas, lo hará en uno de los escenarios más históricos que ha conocido este deporte. El Estadio Azteca volverá a convertirse en el centro del planeta fútbol. El mismo estadio que vio a Pelé levantar la Copa del Mundo en 1970 y a Diego Armando Maradona construir parte de su leyenda en 1986 será el encargado de abrir una nueva etapa. Como si antes de mirar hacia el futuro, el fútbol necesitara detenerse un instante para recordar de dónde viene.

No deja de resultar fascinante que la Copa Mundial más innovadora de la historia comience precisamente allí. Noventa y seis años después de que apenas trece selecciones disputaran la primera edición en Uruguay, el torneo llega convertido en un espectáculo global seguido por miles de millones de personas. Lo que comenzó como una competencia entre pocos países, se ha transformado en uno de los fenómenos culturales más importantes del planeta.

Y quizás esa sea una de las razones por las que el Mundial de 2026 parece tan diferente. No solamente será el más grande. También será el más global. Cerca de 300 futbolistas representarán selecciones distintas al país donde nacieron. Más de cien jugadores nacidos en Francia vestirán las camisetas de otras naciones durante el torneo. Historias de migración, identidad, herencia cultural y pertenencia convivirán dentro de una misma competencia.

El fútbol, una vez más, servirá como espejo de la sociedad que lo rodea. La diversidad estará presente incluso fuera de la cancha. Por primera vez tres mascotas oficiales representarán a los países anfitriones: Maple, el alce canadiense; Zayu, el jaguar mexicano; y Clutch, el águila estadounidense. Puede parecer un detalle menor, pero simboliza la esencia de una Copa Mundial diseñada para abrazar distintas culturas, tradiciones y formas de entender el deporte.

Sin embargo, más allá de los récords y la expansión del torneo, existe una historia que sobresale por encima de todas las demás. La historia del tiempo. Hace veinte años, en Alemania 2006, Lionel Messi era apenas un joven argentino que comenzaba a abrirse paso entre los mejores futbolistas del planeta. Cristiano Ronaldo era una promesa portuguesa que soñaba con conquistar el mundo. Luka Modrić todavía no había disputado una Copa Mundial y Guillermo Ochoa era un portero mexicano que apenas iniciaba un camino que lo convertiría en referente de toda una generación.

Dentro de tres días, los cuatro podrían encontrarse frente al último Mundial de sus carreras. Pocas veces una Copa Mundial ha servido como una frontera tan clara entre dos épocas. Mientras Messi, Cristiano, Modrić y Ochoa buscan escribir un último capítulo en el escenario más importante del deporte, una nueva generación encabezada por Lamine Yamal, Jude Bellingham, Florian Wirtz, Endrick, Arda Güler y Eduardo Camavinga se prepara para asumir el protagonismo. Son futbolistas que crecieron viendo a aquellos ídolos dominar el fútbol mundial y que ahora llegan dispuestos a ocupar el lugar que, inevitablemente, queda vacante cuando una era llega a su fin.

Por eso este Mundial se siente diferente. No solamente será la Copa del Mundo más grande de la historia. Será también el punto de encuentro entre dos generaciones. Una que ayudó a definir el fútbol de las últimas dos décadas y otra que intentará definir las próximas. Y desde Puerto Rico, esa historia se observa con una sensibilidad particular. Nuestra selección nacional todavía persigue el sueño de clasificar a una Copa Mundial, pero eso nunca ha impedido que los puertorriqueños hagan suyo este torneo.

Aquí se heredan selecciones favoritas como se heredan apellidos. Existen familias donde una generación defiende a Brasil, otra a Argentina y una tercera a España o Francia. Aquí todavía se discuten las genialidades de Pelé, la magia de Maradona, los goles de Ronaldo, la elegancia de Zidane, el talento de Ronaldinho y las hazañas de Messi y Cristiano Ronaldo. Puerto Rico nunca ha jugado una Copa Mundial. Sin embargo, pocas generaciones de puertorriqueños han dejado de vivirla.

El Mundial vive en nuestras conversaciones, en nuestros recuerdos y en nuestra cultura deportiva. Vive en los restaurantes donde se paraliza la rutina durante una final. Vive en las oficinas donde los horarios se ajustan alrededor de un partido decisivo. Vive en los hogares donde padres y abuelos cuentan dónde estaban cuando vieron jugar a Pelé, Maradona o Messi. Vive en la memoria colectiva de un país que, aunque todavía no ha logrado llegar a la gran cita, siente el torneo como propio cada cuatro años.

Por eso esta edición se siente más cercana que muchas otras. No solamente porque se jugará en Norteamérica. También porque miles de puertorriqueños tendrán la oportunidad de viajar a las sedes o seguir de cerca una competencia que, por geografía, cultura y cercanía, nunca había estado tan próxima a nuestra realidad.

La Copa Mundial de 2026 no será recordada únicamente por sus campeones o por sus goles. Será recordada porque reflejará el mundo en que vivimos: más conectado, más
diverso, más complejo y más cambiante que el de cualquier generación anterior. Será recordada porque llevará el torneo a una escala nunca antes vista. Pero también porque marcará el momento en que una generación comenzó a despedirse mientras otra empezó a escribir su propia historia.

Dentro de tres días el balón volverá a rodar en el Estadio Azteca. Lo hará en la Copa Mundial más grande de la historia. Lo hará en el mismo escenario que vio coronarse a Pelé y a Maradona. Lo hará mientras viejas leyendas buscan un último capítulo y nuevos talentos intentan escribir el primero. Y como ha ocurrido durante casi un siglo, Puerto Rico volverá a estar allí. Mirando. Debatiendo. Soñando. Esperando descubrir cuál será el próximo recuerdo imborrable que el fútbol regalará al mundo.

Tags: Copa Mundial FIFA 2026DeportesFIFA World Cup 2026FútbolHéctor MaldonadoPor el centro
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