
¡AHORA ES QUE ES!
Mildred Tirado Vázquez
PERIODISTA
Tienes que darte permiso de empezar, aunque no tengas todo claro, lo importante es que el miedo no te paralice
Cuando mi hermana y yo barajeábamos la idea de un negocio, teníamos claras dos cosas: no era para hacernos millonarias, pero sí para disfrutar el proceso; y que, dentro de la rueda ya inventada, haríamos algo distinto.
Entre muchas ideas, surgieron unas suculentas en tiestos artesanales. ¿El toque especial? Cada una llevaría un mensaje positivo. Algo sencillo… pero con intención.
Arrancamos en octubre de 2025. Y aunque era un terreno nuevo para nosotras, no del todo desconocido. Años antes, mi hijo había decidido emprender, y ese paso —que al principio nos sacudió— terminó sembrando algo en mí. “Dale pa’lante”, le dijimos entonces su papá y yo, sin saber que también nos lo estábamos diciendo a nosotros.
En el camino aprendimos de todo: corporaciones, registro de comerciante, SURI, agente no retenedor… y la lista sigue. Primero solos, luego de la mano de profesionales que nos ayudaron a “montar bien el muñequito”.
Esta vez era distinto. Ahora éramos mi hermana y yo. Socias. Cómplices. Y con una misión clara: meter mano.
En semanas creamos nuestra primera colección de Navidad. Le metimos a las redes, a la inteligencia artificial, a Canva… todo bien bonito. Pero faltaba lo más importante: vender. Y ahí llegó el famoso frío olímpico. Porque escribir, escribo. Pero vender hablando… eso es otra historia.
La primera prueba fue en una feria de salud para la tercera edad. Madrugamos, montamos la mesa espectacular y la gente llegaba, miraba, elogiaba… pero no compraba. Pasó una hora. Nada.
“Esto es práctica”, nos repetíamos. Hasta que pasó.
Nuestra primera venta: una suculenta con el mensaje “¡Que crezca la fe!”. Y sí… libramos coca.
Después vinieron más ventas, encargos… y, sin darme cuenta, también se fue el miedo. Desde entonces, hemos participado en bazares y, recientemente, tuvimos una colección de San Valentín muy bien recibida. Ahora estamos enfocadas en lo próximo: el Día de las Madres.
¿Dudas? Claro que sí. Hay días en que me pregunto si estamos haciendo lo correcto. Pero entonces recuerdo esa primera venta… y el mensaje que llevaba.
Porque a veces emprender no es solo vender. Es sanar miedos, honrar sueños que se quedaron en pausa y darte permiso de empezar, aunque no tengas todo claro.
Y cada vez que dudo, recuerdo aquella primera suculenta… y su mensaje: “¡Que crezca la fe!” Porque al final, eso es lo único que realmente necesita crecer. Todo lo demás… llega.

