Mi pasajera de origen alemán y este cronista boricua conversamos sobre nuestras tradiciones culinarias para celebrar la Nochebuena
Por Carlos Ruben Rosario
Para Soy Silver
Para salir de su apartamento, ya sea a una actividad social o a una cita médica, a Charlotte le gustaba lucir una “boa” emplumada alrededor del cuello, cuyo color combinaba de acuerdo con la ocasión. En días de Navidad la combinaba con su suéter bordado, rojo y de cuello alto, que le hacía contraste con su abundante y ondulada cabellera teñida de negro, negro negrísimo. Su nariz peculiar, perfilada y a la vez ancha, resaltaba porque siempre se pintaba el labio superior por encima del borde.
Estaba contenta, pues avanzaba su recuperación de una operación de cadera, que la obligaba a usar un andador. Y en época de fiestas, esperaba la llegada de sus familiares. Me contaba de la celebración navideña con su familia alemana, de la importancia de la decoración del árbol -que se efectúa con cierta secretividad-, y la preparación de la comida de Nochebuena: un asado, sea ganso, pavo, cerdo o conejo, pero que debe tener “sauerkraut”, ese repollo agrio fermentado con sal. Y no puede faltar el “stollen”, que es un pan de frutas.
Y entonces, me preguntó cómo celebramos la Navidad en Puerto Rico y cuál es menú. ¡Cómo explicar tanto contraste sin matarla!
“Las de mi país, son las más largas del mundo”, le dije con cierto orgullo. “La publicidad comercial empieza en septiembre, se adorna desde octubre, y después de la Navidad y la Despedida de Año, se celebra la Fiesta de Reyes, a la que le siguen los ocho días de celebración que le llaman ‘las octavitas’ y que concluyen con la Fiesta de San Sebastián, en el tercer fin de semana de enero”. Eso a ella le impactó. Y aún no le había hablado de la morcilla.
Ya llegábamos a nuestro destino, cuando me pidió explicarle cómo se preparaba el lechón a la vara. Ahí me cogió “con los pantalones abajo”. Cómo hacerlo en mi mal inglés sin traumarla… Menos mal que existe el YouTube y, ya estacionados, le mostré un video. El suéter tejido se movía a la altura del pecho y yo notaba cómo la boa emplumada se contorsionaba. Sentí que le faltaba la respiración mientras veía el video en la pantalla del teléfono.
Le hablé de los asaltos navideños, y le expliqué que se daban sin avisar. No conforme con verla a punto del soponcio. Pero las palabras no bastaban. Era mejor mostrarle un video de una trulla bien montá en la oscuridad de la noche. Había que oírle sus gritos de asombro… ¡o de espanto!, porque la Charlotte era un tanto histriónica y exagerada en sus gestos de expresión.
Estábamos próximos a llegar al estacionamiento de la residencia. Así que para que nadie malinterpretara sus expresiones de espanto en el asiento delantero del auto, preferí dejar para otra ocasión la explicación sobre la preparación de las morcillas. ¡Es que se muere!, pensé.
Y con esto les digo: no importa que en estas fiestas navideñas tenga a la mesa un ganso acompañado de “sauerkraut” y su copita de “eggnog” o un buen plato de arroz con gandules con un pedazo de lechón (y cuerito), acompañado de morcillas y pasteles y su vasito de coquito. Lo importante es disfrutar en familia, que la dieta comienza en enero.
¡Felices fiestas y un próspero año 2026! Y que empiece el conteo. Que con moderación y buscando una buena salud, recordemos que ¡pa’ allá es que vamos!

El autor es periodista retirado, ahora cronista de transporte (y sicólogo, confidente y compañía de juerga) de personas mayores. Lo puedes seguir en FB, Tik Tok e Instagram: Carlos Ruben Rosario

