
¡AHORA ES QUE ES!
Mildred Tirado Vázquez
PERIODISTA
El verdadero éxito de un negocio no se mide solamente por cuánto dinero entra durante los meses buenos, sino por cuánto puede resistir cuando llegan los meses malos
Cuando era pequeña, recuerdo a mi abuela sacar de una lata de galletas algunos chavitos para ir al colmado de la esquina o darnos una peseta para comprar dulces. Aquella lata, que para nosotros parecía algo simple, era mucho más que eso: era su pequeña reserva.
En aquella casa humilde, la lata era “mágica”. Siempre parecía tener algunos chavitos disponibles, aun cuando las cosas se ponían difíciles. Mi abuela sabía algo que muchas veces aprendemos demasiado tarde: no todo lo que entra se puede gastar. Hay que guardar para cuando las vacas estén flacas.
Cuando decidimos emprender, también necesitamos nuestra lata de galletas.
No les niego que en esta aventura hay muchas satisfacciones, pero también tiene sus bajas. Hay meses en los que las ventas superan las expectativas y otros en los que los clientes escasean, un proyecto se retrasa o aparece una emergencia que no estaba contemplada en el presupuesto. Por eso, administrar bien el dinero es tan importante como saber vender.
Uno de los errores más comunes al comenzar un negocio es confundir las ventas con las ganancias. Que entre dinero no significa que todo esté disponible para gastar. Hay que separar lo que corresponde a gastos operacionales, impuestos, inventario y otros compromisos, pero, sobre todo, hay que crear una reserva para los días difíciles.
Un trabajo a sueldo puede ofrecernos la tranquilidad de saber que, mientras sigamos trabajando, habrá una entrada de dinero en una fecha determinada. Aun así, ese ingreso también requiere disciplina y buena administración. Pero cuando nos aventuramos por nuestra cuenta, la responsabilidad es todavía mayor, porque los ingresos pueden ser variables y no siempre llegan con la misma frecuencia.
Emprender no significa vivir al día; significa aprender a mirar hacia adelante.
Si un buen mes produces más de lo esperado, quizás no sea el momento de aumentar los gastos personales, sino de fortalecer esa reserva. Porque el verdadero éxito de un negocio no se mide solamente por cuánto dinero entra durante los meses buenos, sino por cuánto puede resistir cuando llegan los meses malos.
Esa reserva puede ser la diferencia entre cerrar las puertas ante una emergencia o tener el oxígeno necesario para continuar.
Mi abuela probablemente nunca supo lo que significaban términos como flujo de efectivo, capital de trabajo o fondo de emergencia. Ella simplemente sabía que había que guardar algunos chavitos.
Hoy, cuando miro hacia atrás, entiendo que aquella lata contenía mucho más que chavitos, vellones y pesetas. Contenía previsión, disciplina y, sobre todo, tranquilidad.
Así que, cuando emprendas, procura tener la tuya. Porque las vacas gordas son buenas, pero es durante las vacas flacas cuando agradecemos haber pensado en llenar nuestra lata de galletas.
