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¿Media naranja? El amor no viene a completarnos

Redacción Silver Por Redacción Silver
octubre 8, 2026
in PUNTO DE VISTA
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¿Media naranja? El amor no viene a completarnos
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En esta etapa de la vida, la pregunta no debe ser solamente a quién quiero encontrar, sino qué quiero construir cuando nos encontremos

Hace unos días conversaba con alguien que acababa de terminar una relación. Y entre una cosa y otra apareció esa pregunta que, con los años, puede parecer más complicada: ¿Y ahora cómo empiezo otra vez?

Me dio gracia, porque después de cierta edad considero que uno no empieza otra vez. Uno continúa. Continúa con lo vivido, lo aprendido, lo disfrutado y, sobre todo, con una ventaja maravillosa: cada vez conocemos mejor aquello que nos produce bienestar.

Entonces le dije algo que creo profundamente: una de las experiencias más hermosas del ser humano es amar y ser amado. Y así surgió mi respuesta, todavía más enfática, con una salvedad. Debe ser un buen amor. Sí, ese que se construye y edifica. Quizás por eso, en esta etapa de la vida, la pregunta no sea solamente a quién quiero encontrar, sino qué quiero construir cuando nos encontremos.

Así compartí mis tres reglas de oro:

1. Tener claras mis reglas, mis roles y mis límites

Fíjate que digo mis. No comienzo haciendo una lista de lo que espero que haga la otra persona. Comienzo conmigo. ¿Qué quiero aportar a una relación? ¿Cómo quiero vivirla? ¿Qué estoy feliz de compartir? Tener claras mis reglas (lo que voy a hacer), mis roles (quién lo va a hacer: yo) y mis límites (ese “ni se te ocurra”, a menos que esté negociado) me permite llegar a una relación desde un lugar maravilloso: la seguridad.

Sé quién soy, sé lo que quiero y puedo comunicarlo. Y cuando dos personas hacen ese ejercicio, ocurre algo precioso: ya no tenemos que adivinarnos. Podemos conocernos y, por ende, disfrutarnos. Podemos decir, esto es importante para mí; esto me hace feliz; esto puedo aportarlo. Esto podemos hacerlo juntos. Esto otro podemos conversarlo o descartarlo.

Los límites me ayudan a saber dónde estoy yo, dónde estás tú y dónde podemos encontrarnos.

2. La mejor solución potencial posible

Dos personas son dos universos. Cada una llega con su historia, sus costumbres, sus deseos, sus proyectos, sus maneras de pensar y hasta sus pequeñas rarezas. ¡Hasta en la cama… qué bueno! Porque, precisamente, ahí está una de las riquezas de compartir la vida con alguien. No necesitamos pensar igual para construir bienestar juntos.

Podemos preguntarnos: ¿Qué necesitas tú?, ¿Qué necesito yo?, ¿Qué podemos crear con ambas cosas? Entonces aparece una de mis acciones favoritas: buscar la mejor solución potencial posible para todas las partes. Se trata de encontrar ese punto en el que la solución que construimos nos permite a ambos sentirnos vistos, escuchados y satisfechos.

Eso también es intimidad. Saber que puedo llegar con lo mío, tú puedes llegar con lo tuyo y, entre los dos, podemos producir una tercera posibilidad que quizás ninguno había contemplado. Y cada vez que lo conseguimos, ocurre algo importante. Aprendemos que podemos confiar en nuestra capacidad de construir bienestar juntos.

3. La suma de las partes

Durante mucho tiempo nos hablaron de encontrar nuestra media naranja, nuestra otra mitad… Nunca me entusiasmó demasiado esa matemática.
A estas alturas prefiero llegar entera. Y quiero que tú también llegues entero. Con tu mundo y yo con el mío. Tus proyectos y los míos. Tus espacios y mis espacios. Y entonces crear los nuestros. No para sustituir lo anterior. Para sumarlo.

Pensamiento, emoción y conducta se retroalimentan. Aquello que pensamos, sentimos y hacemos repetidamente va creando patrones, y esos patrones terminan formando nuestra cotidianidad. Por eso me gusta tanto hablar de anticipar bienestar. Desde la teoría del desdoblamiento del espacio y el tiempo, esa anticipación no consiste en imaginar lo que queremos que ocurra.

Se trata de mantener un pensamiento benevolente que nos permite recibir información anticipativa y utilizarla en favor del bienestar. No inventamos la información. La recibimos. Desde ahí podemos elegir la conducta que contribuya a la mejor solución potencial posible para todas las partes. A cierta edad, además, tenemos una ventaja extraordinaria: ya hemos vivido. Sabemos mucho más de nosotros mismos.

Así que quizás no se trate de encontrar a alguien que venga a completarnos. Ya llegamos completos. Se trata de encontrar a alguien con quien compartir esa abundancia y descubrir qué nueva posibilidad aparece cuando dos vidas deciden sumarse.

Por eso, si alguna vez vuelvo a preguntarme cómo se empieza otra vez, creo que ya tengo mi respuesta. No empiezo de nuevo. Empiezo desde lo aprendido. Con mis reglas, mis roles y mis límites. Con la disposición de buscar siempre la mejor solución potencial posible para ambos. Y con una pregunta muy sencilla para observar el resultado: ¿Nos hacemos bien?

Porque a cierta edad el amor no viene a completarnos ni simplemente a acompañarnos. Viene a descubrir cuánto bienestar podemos crear cuando sabemos sumarnos sin restarnos. Y si tú sigues siendo tú, yo sigo siendo yo y juntos somos capaces de crear algo que hace nuestra vida todavía mejor… entonces las matemáticas me cuadran. A esa suma de las partes, yo sí estoy dispuesta a llamarle buen amor.

La autora es sexóloga, investigadora, educadora, escritora y activista cuántica. Creadora de El Truco de la Buena Vida, integra ciencia, educación y bienestar para promover una vida basada en anticipar bienestar y buscar la mejor solución potencial posible para todas las partes.

Tags: Dra. Carmita LaboyEl truco de la buena vidaIntimidadParejasSexualidad
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