
EL TRUCO DE LA BUENA VIDA
Dra. Carmita Laboy
EDUCADORA, INVESTIGADORA Y TERAPISTA SEXUAL
El Truco de la Buena Vida consiste, precisamente, en aprender a reconocer ese espacio entre lo que ocurre y todo lo que anticipamos a partir de ello
A veces ocurre algo muy sencillo: hacemos algo por iniciativa propia, tomamos una decisión, proponemos algo, iniciamos una gestión o damos un paso esperando, naturalmente, algún resultado. Y el resultado esperado no ocurre. O, por lo menos, no ocurre cuándo o cómo lo esperábamos. Entonces comienza una conversación interna que puede ser mucho más importante que el hecho mismo. ¿Qué pasó? ¿Hice algo? ¿Me equivoqué? ¿Por qué no ocurrió lo que esperaba?
Es justamente ahí donde intento practicar El Truco de la Buena Vida. No ignorando lo ocurrido ni tratando de convencerme de que todo está bien, sino observando qué información aparece en mí antes de convertirla en una conclusión. Porque una cosa es lo que ocurrió y otra lo que comienzo a anticipar a partir de lo ocurrido.
Desglocemos el proceso en tres simples pasos:
1. El hecho y la observación
Primero están los hechos. Hice algo. Esperaba un resultado. Ese resultado, hasta ese momento, no ocurrió. Punto.El hecho existe y no necesito restarle importancia ni disfrazarlo para sentirme mejor. Pero tampoco necesito añadirle inmediatamente una explicación. Ahí comienza la observación.¿Qué información apareció en mí ante ese hecho? Quizás: algo pasó. Quizás: hice algo incorrecto. Quizás: esto significa que… Quizás: no soy yo, eres tú…
Es interesante observar la rapidez con la que podemos pasar de lo que sabemos a lo que suponemos. Y precisamente ahí está uno de los ejercicios que practico: detenerme a distinguirlos. ¿Qué sé del por qué ocurrió y qué estoy anticipando porque todavía no sé? No se trata de rechazar esa información. La información llegó y la observo. Pero observarla no significa convertirla automáticamente en verdad. El hecho ocurrió. Lo que todavía no había ocurrido era todo lo que yo estaba anticipando a partir de él.
2. Expectativa y adscripción de responsabilidad
Después aparece otra capa: yo esperaba algo. La expectativa no apareció de la nada. Había realizado una acción y anticipaba determinada respuesta o resultado. Y entonces, puede aparecer también algo que hemos discutido recientemente en Intimidad con Ciencia: la adscripción de responsabilidad. Podemos pensar: “si hubiera sido yo, habría actuado de otra manera”.
Y puede ser cierto. Yo conozco mis códigos, mis tiempos y la manera en que suelo responder ante determinadas situaciones. El problema comienza cuando utilizo mi manera de actuar como medida para interpretar la conducta de otra persona o el desarrollo de una situación. Que yo hubiera hecho algo de determinada manera no significa necesariamente que los demás tengan que hacerlo igual.
Entonces vuelvo a observar. ¿Qué parte pertenece al hecho y qué parte pertenece a mi expectativa? ¿Estoy interpretando lo ocurrido desde lo que realmente sé o desde lo que yo esperaba que sucediera? Hacerme consciente de esto no elimina la expectativa. Simplemente, evita que la convierta automáticamente en una conclusión.
3. Cero miedo, duda o voluntad
Y entonces llego a una de las prácticas fundamentales de El Truco de la Buena Vida: cero miedo, cero duda y cero voluntad. Cero miedo para no llenar lo desconocido con el peor resultado posible. Cero duda para no quedarme atrapada construyendo una explicación tras otra sobre algo que todavía no sé. Y, especialmente, cero voluntad. Porque puedo reconocer lo que deseo, sin pretender imponer cómo, cuándo o de qué manera tiene que ocurrir.
No se trata simplemente de “soltar”. Se trata de retirar mi voluntad del resultado.
Entonces puedo hacerme otra pregunta: ¿cuál es la mejor solución potencial posible? La observo. La anticipo. Y continúo con mi vida.
Lo que suceda después, traerá nueva información. Quizás coincida con mi expectativa. Quizás no. Entonces observaré, nuevamente.
Y esto también ocurre en nuestra intimidad. Esperamos una respuesta, una iniciativa, una expresión de deseo, excitación o satisfacción y, cuando no sucede como anticipábamos, podemos comenzar a interpretar: ¿ya no me desea?, ¿hice algo mal?, ¿debería haber respondido de otra manera? Otra vez aparecen el hecho, la expectativa y la adscripción de responsabilidad.
También ahí puedo observar la información antes de convertirla en certeza. Porque en la intimidad, como en la vida, conviene distinguir entre lo que realmente ocurrió y lo que estamos anticipando a partir de ello. Ese es el ejercicio. Hecho. Observación. Expectativa. Adscripción de responsabilidad. Cero miedo, duda o voluntad.
Porque quizás vivir El Truco de la Buena Vida consiste, precisamente, en aprender a reconocer ese espacio entre lo que ocurre y todo lo que anticipamos a partir de ello. Y desde ahí, anticipar bienestar siempre.
La autora es sexóloga, investigadora y activista cuántica, creadora de El Truco de la Buena Vida para anticipar bienestar. Más información: 787-989-0188.
