
¡AHORA ES QUE ES!
Mildred Tirado Vázquez
PERIODISTA
Los emprendedores no avanzamos porque nunca nos caemos; avanzamos porque, después de cada caída, volvemos a levantarnos
El pasado fin de semana estuvimos vendiendo en un mercado junto con otros emprendedores. Como de costumbre, preparamos el inventario, montamos la carpa y organizamos las mesas con la ilusión de que fuera uno de esos días en los que las ventas fluyen y la energía se contagia. Pero no fue así. Apenas vendimos dos artículos.
No niego que al terminar, sentimos ese golpe que conocemos bien quienes emprendemos. Ese momento en que uno hace cuentas mentalmente, piensa en las horas invertidas, en el esfuerzo realizado y se pregunta si realmente valió la pena. Y entonces recordé una de las lecciones más importantes del camino empresarial: no todos los días son para celebrar resultados; algunos son para fortalecer el carácter.
Nos han vendido la idea de que el éxito es una línea recta hacia arriba, pero la realidad es distinta. Cuando emprendes, hay días maravillosos y otros decepcionantes. Hay mercados donde vendes más de lo que imaginabas y otros donde apenas recuperas para el almuerzo. Hay publicaciones que se vuelven virales y otras que nadie ve. Hay propuestas que se aprueban y otras que son rechazadas.
La diferencia entre quienes alcanzan sus metas y quienes las abandonan no siempre está en el talento, ni siquiera en los recursos. Muchas veces está en la capacidad de levantarse después de un mal día.
Porque un mal día no define un negocio, una mala venta no define un producto, un mercado flojo no define un emprendimiento… Simplemente, es un día más dentro de una historia mucho más grande.
A veces lo que toca hacer es curarse el golpe, ponerse una curita y seguir adelante. Analizar qué se puede mejorar, aprender la lección que dejó la experiencia y volver a intentarlo. Mañana habrá otra oportunidad, otro cliente, otro evento, otra conversación, otra puerta que puede abrirse. Y quién sabe, tal vez la próxima actividad sea, precisamente, esa en la que todo lo sembrado hoy comience a dar frutos.
Los emprendedores no avanzamos porque nunca nos caemos; avanzamos porque, después de cada caída, volvemos a levantarnos. El fin de semana no logramos el resultado que esperábamos, pero el próximo volveremos a intentarlo. Y eso, también, es una victoria.

