El cantante español presentó un emotivo concierto de dos horas, el pasado domingo en el Coca-Cola Music Hall
El pasado jueves, cuando Raphael Martos llegó a San Juan y recibió la Llave de la Ciudad, dijo que mientras tuviera voz, seguiría cantando. Si es así, no hay nada de qué preocuparse, porque voz le queda para buen rato.
Así lo demostró el pasado domingo, Día de las Madres, cuando regaló un concierto inolvidable al público boricua que llenó el Coca-Cola Music Hall para aplaudir, cantar y revivir emociones junto al cantante español en un concierto bien titulado como “Raphaelísimo”.
Fue una tarde llena de sentimientos de principio a fin, en la que fue inevitable soltar algunas lágrimas al sentir el privilegio de presenciar la maestría con la que Raphael maneja su instrumento vocal y se apodera del escenario a sus recién cumplidos 83 años y luego de superar un trasplante de hígado (2003) y un diagnóstico de linfoma cerebral el año pasado.
Si bien ahora se le hace necesario sentarse en ocasiones o apoyarse con elegancia del piano, su dramatismo y su poder interpretativo siguen intactos. Pero Raphael no ocupa aquella silla como cualquier otro, él se sienta en su trono como el rey que es. Y aunque ya no pueda correr la tarima de esquina a esquina como antes, a través de su mágica garganta llevó a la audiencia a recorrer el mundo, desde su querida España hasta Francia con sus versiones de “Padam, Padam” , “Hymne a L’Amour” y “La Vie en Rose”, a la Argentina con el tango “Malena”, y a México con “La Llorona”.

El eterno Niño de Linares interpretó 27 temas durante dos horas y, por supuesto, en ese repertorio no podían faltar grandes éxitos como “Yo sigo siendo aquel”, “Cierro mis ojos”, Digan lo que digan”, “Mi gran noche”, “Cuando tú no estás”, “Estar enamorado”, “En carne viva”, “Qué sabe nadie”, “Escándalo”, y “Como yo te amo”, entre otros, acompañado por una extraordinaria banda.
Durante su interpretación de “Yo soy aquel” y mientras aparecían visuales de sus seis décadas de trayectoria artística”, Raphael exclamó: “Un año más. Siempre volveré”. Este fue uno de los varios momentos en que fue ovacionado por su audiencia, dominada por féminas que no perdieron la oportunidad para gritarle: “¡Qué bello! y ¡Raphael, te amo!
Aunque no es de mucho hablar en sus conciertos, Raphael ofreció una felicitación especial a las madres en la sala y a la suya “que está en el cielo… esperemos”, bromeó. También agradeció haber recibido la Llave de la Ciudad de San Juan. “Me regalaron una cosa maravillosa, millones de gracias”, expresó mientras alzaba la llave dorada y el público lo aplaudía.


